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Tendencias no son destino

 9 may 2018

Por: Martín Barberena

A poco menos de dos meses habremos de estar sufragando y, conforme al tono de las campañas, resulta casi evidente que el resultado final habrá de terminar en manos del tribunal electoral del poder judicial.

Para demostrarlo, el pasado fin de semana las redes se enardecieron en virtud de un tuit formulado por un pseudoperiodista, chayotero y cuervo del gobierno en turno; el cual alude a una remota posibilidad del asesinato del candidato puntero. La pura alusión es ya de por si execrable e infame.

Si acaso podemos aplaudir y reconocer uno de los factores que permitió el desarrollo del sistema político mexicano del partido hegemónico, ese fue la abolición de la violencia y el mantener las armas al margen del poder. Recordar el cobarde y mordaz asesinato de Colosio nos obliga a recapacitar lo que está en juego y el papel de los jugadores; unos técnicos otros rudos.

Por ello resulta importante hacer conciencia de aquella alternancia tersa, amable y pacifica que tuvimos en el año 2000, en la cual el PRI demostró un nivel de civilidad y cordura, no obstante, en esta posible derrota se desvanece y muestras los dientes furiosos.

La incitación a la violencia y la apología del crimen descaran el temor que se tiene en la cúpula tanto del gobierno, como de algunos empresarios quienes al amparo del gobierno no son más que viles mercenarios. Tan es así que poco después del estúpido tuit, el candidato Meade  formula a sus simpatizantes, luchar hasta la muerte, palabra que debiera de ser evitada a toda costa del lenguaje electoral.

Sin embargo tenemos el caso contrario y singular del periódico Animal  Político, quienes recibieron el lunes pasado el premio Ortega y Gasset que concede anualmente el periódico El País, en Madrid España. Dichos periodistas que ennoblecen la tarea informativa, son los autores de la investigación por el reportaje de la estafa maestra, investigación que documenta el sistema de corrupción que se propagó por diversas instituciones, por montos inconmensurables y que a la fecha no hay un solo indiciado. Vaya paradoja.

En cuanto al tenor de las campañas, López Obrador insiste en una especie de bálsamo republicano en el que todos nos veremos beneficiados, lo que él llama, en su lenguaje de manual de autoayuda, “la cuarta transformación”.

Si después de tantos años en campaña no ha sabido explicarla, es porque quizás no haya mucho que explicar. La imagina, eso sí, como algo grande, una secuela de la independencia, la reforma y la revolución; algo a lo que habrá también que poner en mayúsculas aunque sólo sea por todo lo que se propone derrumbar.

Su profundo menosprecio a las organizaciones de la sociedad civil que ha catalogado de “Fifis”, se refleja en encumbrar al espinoso Espino como su representante, craso error tanto para la izquierda como para la derecha.

Mientras tanto, Meade y su partido, el que no es suyo pero pone presidente, se asoman al abismo. Como pintan las cosas, el tema ya no sería ganar sino negociar a tiempo un espacio, quizás una amnistía, ya que se puso de moda el término, con cualquiera de los dos potenciales verdugos. Uno de ellos ya dijo que sí los va perdonar; el otro no descarta la guillotina. Si todo sigue como va, el PRI probablemente pierda la presidencia y la mayoría de las elecciones estatales, y ello sin la dignidad de haber al menos defendido una idea de país, aunque esto último quizás ya no les agobia demasiado.

Por su parte Anaya habrá ganado el debate pero quedó ya marcado por la sospecha y no logra aglutinar esa mayoría que no quieren al PRI ni a López Obrador. No le haría daño  hablar un poquito menos de modernidades ininteligibles para la mitad del país que sobreviven la pobreza, y un poquito más sobre desigualdad e injusticia. 

Si pierde, el costo será quizá más alto que una presidencia. Al PAN solo le quedarán retazos en el legislativo y en los estados a cargo de las dinastías locales que se mandan solas en ese lodazal que algún día se llamó, en la borrachera de nuestra democracia, el nuevo federalismo. Grave para quienes consideran que el PAN ha sido un partido esencial en el diálogo plural del México moderno.

Como bien dice JA Polo de causa en común: tendencias no son destino y nada es inevitable aún. La turbulencia electoral se intensificará trastocando emociones, cálculos y escenarios las cosas pueden cambiar drásticamente. No es probable pero tampoco sería la primera vez que saliera un gato de la chistera en lugar de una liebre. Procurar que la vorágine electoral y política no trastoque la estabilidad, aplacar la voracidad de políticos y politiqueros se vuelve, curiosamente, tarea de todos.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión