AGUASCALIENTES  |  VERACRUZ Síguenos: Twitter RadioBI  Facebook Radio BI
BI Noticias

Opinión

miércoles 14 noviembre 2018 7:51 PM Aguascalientes, México

DÓLAR HOY

Compra:

Venta:

$20.316

$20.324

Radio BI en vivo
 
Portada / Últimas Opiniones / Opinión

Concesión del agua

 10 sep 2018

Por: Otto Granados

Perfil del Autor


Otto Granados



Semblanza
Es un funcionario público, consultor, académico y diplomático mexicano. Ha desempeñado una extensa c ...



Blogs Anteriores

De manera cíclica, al menos desde 1995, en periodos electorales o previos a ellos, los partidos o los aspirantes a cargos de elección popular suelen lucrar con el tema de la concesión del agua en Aguascalientes. Desde ese punto de vista se entiende que pueda tener cierta rentabilidad política, pero lo que es alarmante es que en pleno siglo XXI los actores públicos no sean capaces de comprender de una manera más estratégica, fina y sofisticada los problemas de fondo para el desarrollo del estado a largo plazo, como es el caso del agua.

Vamos a ponerlo de la siguiente forma: la escasez de agua en la capital del estado, y en consecuencia en el área de mayor concentración urbana, demográfica y económica, no es un problema de carácter administrativo sino de visión integral y de decisiones políticas muy complejas, por lo tanto hay que identificar que es indispensable combinar al menos dos factores: revertir la terriblemente mala distribución que hay del líquido entre el sector agropecuario y las ciudades, y ponerle precios reales al consumo de un recurso que es vital y que es finito. Es decir, el centro del asunto es de gestión pública, de patrones de consumo y de mecanismos de mercado.

Desde por lo menos mayo de 1963, cuando se escribió el decreto de veda para el estado de Aguascalientes, entre sus considerandos ya se advertía que en la entidad se habían venido realizando de forma excesiva alumbramientos de aguas subterráneas y que por ello, de no ser controlados debidamente en dichos alumbramientos, se abatirían los niveles de los acuíferos, cosa que ha pasado inevitablemente pues dicha situación se deterioró consistentemente a un ritmo estimado de tres metros anuales durante las últimas cinco décadas.

Sin embargo, a pesar de que ese proceso quizá debió modificar los patrones de consumo de agua por sector, los desequilibrios subsistieron. Hoy los sectores industrial y de servicios en Aguascalientes aportan más de 95% de PIB estatal, generan una proporción equivalente del empleo y consumen poco más del 2% del agua; frente al sector primario que produce ya menos del 5% de PIB estatal y 2.6% de los empleos, pero se lleva o consume el 80% del agua disponible, es decir, un porcentaje cercano al de los años 60’s. Más aún, en la tierras de riego buena parte de las cuales se destinan a cultivos forrajeros, alrededor del 50% del agua utilizada no es aprovechada adecuadamente, debida a una elevada evaporación y a la ineficiencia en los sistemas de conducción, para cuya modernización había pocos incentivos por la baja rentabilidad y la baja competitividad de los cultivos tradicionales, la desorganización de los usuarios, y sobre todo porque la vocación del estado cambió con los años, de manera irreversible.

Es decir, hoy existe una aceptación generalizada en el mundo, en el sentido en que el asunto del agua es ya de seguridad nacional en la extendida idea que hay de que el agua es un bien libre y gratuito, o un derecho humano y universal, o un servicio social. Subyace sin embargo una muy seria confusión teórica, política, económica y ambiental. Es evidente que para que se produzca una política pública sostenible, es indispensable que incluya cambios en otros sectores, aunque estos deban ser graduales y en el mediano plazo.

En este sentido, debe reconocerse que el problema toral en el caso de Aguacalientes es que hay una distribución muy perversa del líquido, como ha dicho una experta internacional, es en el sector agrícola donde una tarifación adecuada adquiere la máxima importancia puesto que el agua de riego que se derrocha constituye la reserva más grande con la que se cuenta. A menudo, los gobiernos construyen, mantienen y gestionan infraestructuras de riego con fondos públicos y sin cobrar apenas a lo agricultores esos costosos servicios.  Los usuarios de agua de riego en México, por ejemplo, pagan solo una media de 11% del costo total de la misma, en el resto de los sectores y en las casas habitación se paga normalmente los precios reales, y eso ha sido uno de los éxitos en Aguascalientes a lo largo de la concesión que ha permitido disminuir los patrones de consumo de manera razonablemente significativa.

En otras palabras, la asignación desproporcionada de agua al sector primario de Aguascalientes es la principal amenaza a la sustentabilidad del recurso y las razones son muy claras: hoy los gobiernos se enfrentan al dilema de cómo hacer compatible la prestación de servicios básicos en condiciones de oportunidad, de cobertura y de calidad suficientes, que sean financieramente sostenibles y que sean ambientalmente sustentables, con la necesidad de lograr una convivencia urbana equilibrada y armónica.

Es decir, no es con decisiones estériles ni con decisiones irresponsables, demagógicas y populistas como se va a enfrentar con inteligencia la cuestión del agua, sino con visiones innovadoras, globales y decididas que, al menos por ahora, brillan por su ausencia.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión