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Retos ambientales de la sociedad

 20 sep 2018

Por: Martín Barberena

A un año del terremoto del 19 de septiembre,  réplica del 85, el cual nos volvió a sacudir los huesos y a mover la conciencia, es inmejorable ocasión para introducir el tema de esta mañana, desde Lima, Perú, donde se desarrollo el décimo-cuarto Congreso Iberoamericano de la Sociedad Civil, bajo el lema del nuevo liderazgo de la sociedad civil, las delegaciones de los 18 países representados, han ventilado el tema que carcome cualquier estado nacional, la corrupción y su prima hermana, la impunidad.

La sutil diferencia entre los países consiste en la forma de enfrentar el mal: Perú, Argentina, Brasil, Guatemala; han procesado expresidentes y otros altos cargos del gobierno, en otros casos, es el poder público, el gobierno, quien está asfixiando a la sociedad que dice proteger: Nicaragua, Bolivia y, por supuesto, Venezuela; son vivos ejemplos de un populismo criminal.

México está por verse, pero sin duda alguna, hay casos por demás elocuentes y  acreditados para ejercer justicia plena.

Retomando el hilo conductor de esta reunión que consiste en el compromiso global de los 17 objetivos del desarrollo sustentable, y con esto quiero referirme al fenómeno del cambio climático que atenta en todo lugar y en cualquier momento, perjudicando a quien sea; más allá de las alarmas que se encienden por las catástrofes naturales, que cada vez son más violentas dejando a su paso destrucción y desolación, la verdad es que como especie humana estamos enfrentando el grave desafío del cambio climático, si es que pretendemos continuar en el planeta como hasta ahora.

Se escucha alarmante y hasta alucinante, y lo es: los datos, los casos y los índices han rebasado la noción de la normalidad.

Tenemos que admitir que no somos infinitos y que el planeta Tierra puede seguir dando vueltas con o sin nosotros, como lo ha hecho por muchos millones de años. El planeta tiene su propia agenda y eso lo debemos entender, se defenderá de aquello que le fastidia y duele, y dependerá de nosotros si nos logramos alinear a sus directrices.

Para ello la vinculación de los tres sectores, público, privado y social se hacen imprescindibles, un gobierno que sabe que no puede cubrir solo las necesidades sociales, es un gobierno sensible y plausible; un empresariado que produce bienes o servicios que están al alcance del consumidor y que cumple puntualmente sus impuestos, es un empresario razonable y justo; y una sociedad civil y organizada, empática, asegura progreso y evolución.

No es casualidad que los países más seguros no son los que tienen más policías, sino donde la gente está más atenta de lo que pasa en su barrio, pueblo o colonia, los que se protegen unos a otros. Es más, los países ricos no son donde hay pocos que tienen mucho, y  muchos que tienen poco, sino donde hay una distribución equitativa de la riqueza, es decir, una gran franja de clase media que jala a la que está abajo y contiene a la que está arriba.

Cuando esto no ocurre, como sucede en casi todos los países de nuestro continente, la desconfianza es el común denominador de la población, que da como resultado la peor ecuación: gobierno rico con pueblo pobre. Privilegios por un lado y sumisión por el otro.

Por fortuna esto ha cambiado en los últimos lustros y la cultura de la denuncia, aunque parezca mentira, funciona. Hay ejemplos fabulosos de cómo la gente conectada mediante redes, logra cambiar decisiones públicas, en todos los ámbitos.

Las redes, las benditas redes llegaron y modificaron la forma de hacer y de sentir la política, lo saben los funcionarios quienes se encuentran vigilados y se saben observados.

Recordemos que es la sociedad civil actuando como consumidor quien legitima los productos de las empresas, y como ciudadano quien legitima la acción del gobierno, al final del día, todos somos una pequeña parte de esta gran sociedad ávida de un cambio verdadero.

El proceso de cambio continúa y estamos viviendo en México el limbo de una transición lenta y larga, apenas hay visos del porvenir de un gobierno altamente legitimado, pero su relación con empresarios y sociedad civil organizada marcarán el talante del gobierno, esperando sea para bien.