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Reforma energética e ideología

 4 mar 2021

Por: Alan Capetillo

Bien utilizadas por demagogos las palabras, y sobre todo la ideología, tienen el poder para condicionar y distorsionar el pensamiento. Expresiones grandilocuentes y apantallantes son siempre herramientas comúnmente utilizadas -sin ningún escrúpulo- por quienes quieren engañar el pensamiento de las sociedades a fin de someterlas más eficazmente al yugo delirante de su voluntad despótica. Así, sometidos por conceptos y expresiones engañosas, los pueblos serán siempre más fácilmente manipulables, pudiéndose incluso lograr no pocos aplausos, inclusive en aquellos casos en que la voluntad del déspota lesiona de las maneras más flagrantes el interés de las colectividades.

Y bueno, hace apenas algunas horas, so pretexto de una entelequia ideológica referida como “soberanía energética”, la autodenominada cuarta trasformación ha infringido nuevamente un golpe brutal al futuro y a la viabilidad económica -y hasta ecológica- de nuestro país. Y es que, teniendo muy claro que la soberanía es un concepto político y no económico ni energético, se puede entender con claridad que hablar de “soberanía energética” es una estupidez que en realidad no dice prácticamente nada, más allá de la distorsión ideológica de juntar, por capricho, ese par de palabras con fines de manipulación colectiva.

Hay que decirlo con claridad, el impacto de este capricho ideológico será muy profundo, y su costo muy alto. Incluso sin obsesionarse con las quizás etéreas implicaciones ambientales, lo cierto es que en el plano del análisis tangible es obvio que habrá pérdida de empleos, de inversiones, y fuga de capitales. Y también demandas millonarias, nacionales e internacionales, que con toda justicia perderemos y cuyos costos deberemos pagar con nuestros impuestos. Igualmente, ya sea por facturación directa o mediante el engaño de un costo subsidiado, los mexicanos estaremos siendo condenados a pagar más por recibir un peor servicio, gestionado, eso sí, monopólicamente por una burocracia política incompetente e ineficiente. Y todo ello sin mencionar, quizás lo más grave, el severo daño internacional a la credibilidad de nuestro país, ya antes dañada por el otro conocido y millonario capricho aeroportuario. 

Y sí, todo con tal de cumplir con ese etéreo y casi místico fetiche ideológico que el merolico de palacio reivindica con la apantallante denominación de “soberanía energética”. Y así, por la magia de ese concepto, cuasi místico y cargado de demagogia, los mexicanos regresaremos una vez más al más fracasado y nostálgico echeverrismo económico justo en el momento en que las vertiginosas transformaciones globales nos demandan mayor seriedad y competitividad.

Tristemente, así es como funciona la ideología, distorsionando y reduciendo perversamente problemáticas complejas en expresiones aparentemente sencillas y hasta inocentes. Repitiendo, una y otra vez, la historia del eterno retorno a la demagogia. 

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión

 



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