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Perspectiva. Huele a Gas

 29 jul 2021

Por: Enrique Gómez Orozco

Los despropósitos de la secretaría de Energía, Rocío Nahle, huelen a gas. Recuerdo el título de un librito de Ríus en los setenta “Huele a Gas”. El monero explicaba que había algo podrido en la intención de Pemex al proponer la construcción de un gasoducto para exportar gas del Golfo a Estados Unidos.

El gasoducto era el Cactus-Reynosa. La sospecha de la izquierda era que el vecino quería apropiarse de nuestra riqueza energética. Fueron tiempos de borrachera petrolera, de exuberancia económica de Pemex. El tiempo todo lo puso al revés. Hoy importamos el 70% del gas que consumimos y pagamos renta por un ducto que alimenta al país desde Texas. Después de la pandemia, cuando hay inflación por aumento en la demanda y por cuellos de botella en la distribución, el precio del gas sube a los consumidores en todo el mundo.  

La secretaria Nahle, ahora embriagada de poder, no sabe qué inventar para frenar el alza: duro golpe para la economía familiar. Fuego para la popularidad de la 4T. La primera ocurrencia fue crear una empresa estatal para llevar “gas económico” a las familias. Le llamaron el “Gas Bienestar”. 

Ni siquiera se tomaron la molestia de investigar cuánto costaría distribuir en todo el país un producto de precio internacional variable. Tampoco hicieron cuentas del costo que pagaría el erario para subsidiar el producto. El invento es una fumada más, un cuento que ilustra la incompetencia de la funcionaria. Tampoco estimaron que el precio podría subir más y reventar a la ya quebrada empresa llamada Pemex que acumula más deuda cada trimestre. Llega ya a 115 mil millones de dólares y contando, por eso la calificadora Moody´s no sabe de dónde los va a pagar.

El Gobierno acusa a los gaseros de prácticas monopólicas, de repartirse el territorio para no competir y de subir el precio arbitrariamente. Busca un adversario, un malo de la película. Cuando el precio del gas sube al doble en un año, porque había estado barato, no hay más culpable que el propio mercado en recuperación. La industria vuelve a la vida y necesita gas. Las termoeléctricas renacen y requieren gas. Para volver a crecer se vuelve indispensable la energía y el gas. Por eso también sube la gasolina y el gobierno baja impuestos para que no aumenten los precios más allá de la inflación, porque es mandato presidencial. 

Desesperada, la secretaria Nahle, propone un tope de precios. Siente que tiene el poder para hacerlo. Si así fuera, si pudiera decir a 12 pesos el kilo o a tanto el tanque, surgiría el desabasto y el mercado negro. En cualquier subida del costo de importación, los gaseros dejarían de surtir porque nadie está obligado a perder. Literalmente el Gobierno no entiende en el laberinto que se metería si permanece con ideas peregrinas que recuerdan a Luis Echeverría y sus caprichos económicos que quebraron al país. 

Si México quiere gas, lo tiene. Hay suficiente en el subsuelo de Tamaulipas y Nuevo León, pero somos tan tontos que nos prohibimos sacarlo por medio del “fracking”. Mucho del gas que compramos a Texas proviene de las mismas formaciones geológicas que tiene México. En el subsuelo no hay fronteras. Pemex debe sacar esos yacimientos cuanto antes, porque en pocos años perderán valor. Apuesto doble contra sencillo que ni habrá empresa nacional distribuidora de gas y que lo del control de precios es una baladronada publicitaria o una amenaza sin sustancia para los gaseros. Al tiempo.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión