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Perspectiva. Obsesiones

 27 ago 2021

Por: Enrique Gómez Orozco

Parece increíble que el Gobierno establezca que el Congreso de la Unión traicionó a México en el sexenio pasado por abrir la explotación petrolera a los particulares. La ley, que sigue vigente, era para subir la producción de crudo en beneficio de la “renta petrolera” de la Nación.

Muy sencillo, entre más campos petroleros se abran, el Gobierno recibe más ingresos. La apertura traería nuevas inversiones que Pemex no podía realizar por su alto endeudamiento, baja productividad y falta de tecnología para operar en aguas profundas del Golfo de México. Las empresas privadas nacionales y extranjeras obtendrían un porcentaje de ese ingreso. Todos ganamos.

Como Morena y sus aliados no cuentan con la mayoría calificada para cambiar la Constitución y regresar al pasado, ahora vuelven con la obsesión de que la riqueza nacional está en el petróleo. Por fortuna el país cambió con los tratados de libre comercio y su principal fuente de ingresos viene de la industria, los servicios y la agricultura. Incluso las remesas, que podrían llegar a 50 mil millones de dólares en 2021, son el doble de la exportación de petróleo.

Si el petróleo y los puros recursos naturales fueran la riqueza de las naciones, Suiza, Taiwán, Hong Kong, Singapur y Corea estarían pobres. Lo mismo que Francia, Alemania, Inglaterra y casi todos los países de Europa. La riqueza está en el espacio interior de nuestro cráneo; en las neuronas educadas para crear, producir, imaginar y evolucionar.

Venezuela es el país con mayores reservas de petróleo y gas de Latinoamérica, pero vive en la miseria. Las neuronas de los dirigentes socialistas bananeros no les dieron para administrar la abundancia. En esa dictadura reina el caos, la corrupción y la desesperanza.

Argentina, que podría ser una potencia mundial por sus recursos naturales y una población educada, vive atorada en la trampa del populismo. Llevan nueve defaults de su deuda internacional, y quienes tienen dinero, juegan más a exportarlo a cuentas en Estados Unidos y Europa que al fútbol, que ya es mucho decir. Los argentinos tienen más dinero fuera de su país que en la banca nacional.

En cambio Uruguay, un pequeño país democrático y bien gobernado que exporta carne y productos del campo, no tiene problema. Es el más civilizado e igualitario de Latinoamérica. La riqueza agropecuaria, que es renovable, asegura que podrán invertir en la educación y prosperidad de las nuevas generaciones.

En menos de una generación el petróleo y el gas serán más utilizados para producir derivados petroquímicos que energía de combustión. El carbón no tardará en desaparecer de las termoeléctricas. El combustóleo, ese que contamina el Valle de México desde la refinería de Tula, ya nadie lo quiere.

La única obsesión útil para el futuro del país debe ser la educación. La explotación individual y colectiva de nuestras neuronas. Si lo que se tira en Dos Bocas y el Tren Maya, por ejemplo, se invirtiera en centros de investigación y desarrollo para jóvenes profesionistas, estaríamos creando la plataforma para el verdadero desarrollo nacional.

Nuestro pecado fue invertir esa enorme renta petrolera en gasto corriente, mala administración y  corrupción. No podemos regresar a los 70s, el país no lo resistiría. Con la moderna tecnología digital, el futuro está en la educación, el ahorro y la formación de capital humano y físico.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión