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El aisevaísmo

 31 ago 2021

Por: Jesús Eduardo Martín Jáuregui

La cosmogonía azteca, parte de su mitología, daba al pueblo escogido de los Dioses, (ya se sabe que todos los pueblos son pueblos escogidos para sus dioses), una grave responsabilidad: de su fervor, se su obediencia, pero sobre todo de los sacrificios que realizaren dependía que el mundo siguiera existiendo. Una pesada carga para los sacerdotes, para los gobernante y para el pueblo azteca en general. Los sacrificios rituales no eran refocilarse en ver los corazones palpitantes de los sacrificados, ni en el canibalismo religioso que practicaban (al que ningún pueblo primitivo fue ajeno), ni sólo una forma de agradar a un Dios sediento de sangre como Huitzilopochtli, sino una forma de participar en la existencia y permanencia del cosmos. 

Cada 52 años según su calendario ritual volvería a nacer el sol, o precisando, si los sacrificios habían sido suficientes y agradables a las divinidades el sol renacería. Este nacimiento estaba precedido de varios días nefastos, (comunes también a muchos pueblos) en que se apagaban los fuegos, las luces, se llenaban de ceniza las cabezas y se aguardaba en penitencia, oración y especialmente en zozobra con la incertidumbre del nacimiento.

La mitología azteca, ésta que ahora nos quieren imponer por decreto como si fuera la única de árido América y como si el pueblo mexica fuera la única raíz indígena del mestizaje, afirmaba que para la creación del hombre nuevo del quinto sol, se reunieron los Dioses en Teotihuacan y encomendaron a Quetzalcoatl que hiciera el hombre nuevo para buscar superar los defectos del anterior: su egoísmo, su tendencia al mal, su inclinación a vicios. Le entregaron los huesos del anterior y los cargo para proceder a su delicada encomienda. Tezcatlipoca, dios perverso si los hay, valiéndose de engaños lo embriagó haciéndole beber neutle, trastabillando se cayó y se rompieron los huesos. Atribulado los recogió y dirigiéndose a su nahual (especie de ángel de la guarda) lastimosamente le dijo: “Como ya la cosa salió mal, salga de esto lo que saliera”.

Hay quienes atribuyen a la maldita intervención de Tezcatlipoca esa nefanda característica del mexicano: “al aisevaísmo”, puesta de manifiesto una vez más con el regreso a clases: escuelas faltas de mantenimiento, falta de capacitación sanitaria en el personal docente, falta de instalaciones con adecuada higiene, cero capacitación y preparación para los padres de familia y para los educandos, etc., etc..

No es exclusivo de la 4T, pero ha llevado el “aisevaísmo” a su máxima expresión.

Es todo por hoy, hasta una próxima, si la hay.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión