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¿Para bien o para mal?

 15 sep 2021

Por: Gloria Margarita Romo Báez

Hace unos días, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público presentó la Iniciativa de Decreto por el que se expide la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2022. Como cada año, esta iniciativa junto con el Proyecto de Decreto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2022, son motivo de críticas, discusión y análisis, previo a su aprobación.

La Ley de Ingresos conlleva muchos cambios que se plasman en las diversas Iniciativas con Proyectos de Decreto en diversas leyes, principalmente: la Ley del Impuesto sobre la Renta; la Ley del Impuesto al Valor Agregado; la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios; la Ley Federal del Impuesto sobre Automóviles Nuevos; del Código Fiscal de la Federación y Otros Ordenamientos.

Se puede decir que en México y sin reconocerla como tal, cada año se lleva al cabo una reforma tributaria de mayor o menor impacto y es aquí donde debemos preguntarnos ¿Cuáles son los objetivos principales de una reforma tributaria?, ¿cubrir la insuficiencia de ingresos recurrentes del sector público respecto al gasto?, ¿ampliar la base recaudatoria?, ¿elevar los ingresos?, ¿hacerla más equitativa?, ¿lograr la sustentabilidad de los ingresos públicos?, ¿mejorar la proporcionalidad y equidad fiscal?

En nuestro país. estas mini reformas tributarias que se aprueban cada año son una constante, por eso es importante identificar los cambios que se proponen reformar, adicionar o derogar, pues el tema de la recaudación es siempre polémico y rechaza la creación o alza de nuevos impuestos. Lo verdad es que las iniciativas de ingresos casi siempre los proponen de manera velada y silenciosa.

Para el 2022, se proponen varios cambios, entre los más importantes están: La eliminación de personas físicas del régimen de actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas o pesqueras; eliminar la tributación para las personas morales de derecho agrario; la desaparición del Régimen de Incorporación Fiscal (RIF) y la instauración de un nuevo régimen simplificado de confianza para personas físicas y otro para personas morales.

Por un lado, tenemos un planteamiento para terminar con los regímenes de excepción que son inequitativos y favorecen a unos pocos gremios y, por el otro, una propuesta para establecer un nuevo régimen tributario que se dice busca simplificar el pago de impuestos y aumentar la base de contribuyentes, entre un 20 o 30%.

Terminar los regímenes de excepción es lo justo porque quienes de beneficiaban ahora tendrán que pagar los impuestos que por Ley les corresponden, mientras que el nuevo régimen simplificado de confianza, aunque suena atractivo en meramente recaudatorio. 

La trampa del nuevo régimen es que aunque las tasas de tributación son atractivas (del 1 al 2.5% para quienes reporten ingresos anuales de hasta $3.5 mdp), se eliminan las deducciones y se les condena a un pago forzoso de impuestos, cuando anteriormente se calcula que al menos la mitad de estos contribuyentes salían con saldo a favor. 

Todos los cambios que se incluyen en esta iniciativa de Ley de Ingresos 2022 persiguen aumentar el número de contribuyentes y la recaudación, empero, hay algo que no se menciona y es que el nuevo régimen genera un problema de equidad tributaria porque los causantes cautivos (asalariados) que pueden ser incluidos y beneficiarse de estas nuevas reglas, no lo son y al no serlo, se rompe la equidad e igualdad tributaria, generando un fenómeno de discriminación fiscal, aspecto que debe corregirse antes de aprobarse.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión