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Perspectiva. Hábitos ciudadanos

 9 nov 2021

Por: Enrique Gómez Orozco

Después de la comida voy al basurero de la cocina para tirar los desperdicios, todo al mismo recipiente. Llama la atención de mi esposa, quien pide que separe los desechos, lo orgánico de lo inorgánico, las botellas de PET y las de vidrio. Incluso las cápsulas de café express van a una bolsa especial.

-¿Para qué si todo va al camión de la basura y ahí lo vuelven a mezclar?, es trabajo inútil, digo.

-No importa que ellos la revuelvan, lo importante son los hábitos, contesta Ceci con sabiduría.

Hace 32 años el primer alcalde panista de León, Carlos Medina Plascencia, tuvo la buena idea de iniciar la recolección de basura separando los desperdicios. Fue un esfuerzo pero no permaneció después de ser nombrado gobernador. Con los años el servicio público de basura creó una microeconomía entre los recolectores. El valor del vidrio, aluminio, cartón y plástico lo rescataban los llamados “loberos” o ayudantes que acompañaban a los concesionarios. Cierto que no tenían prestaciones y había riesgos en su trabajo sin embargo daba de comer a muchas familias.

En 2012 el municipio pagó alrededor de 100 millones de pesos por el servicio. Los ingresos por desperdicios permitían a los concesionarios cobrar una tarifa moderada por tonelada.

Llegó la administración de Bárbara Botello y en el ayuntamiento comenzaron a estigmatizar a los recolectores con la idea de dar contratos a dos grandes empresas. Muchas familias perdieron su pequeña empresa y los loberos su ingreso.

Los contratos fueron una burla porque en todo perdía León. Contratos amañados en dólares con castigos ofensivos de 2 mil millones si se cancelaba, y el doble de precio por el servicio de un año para otro. Además, las nuevas empresas no permiten la separación de desperdicios a bordo de los camiones por su tecnología de compactación.

Héctor López Santillana prometió hace seis años que crearía centros de acopio y reciclaje, sin embargo, no cumplió. Apenas ideó la creación de una ruta para recoger la basura aprovechable de 133 fraccionamientos. En cambio, las familias de unas 1,150 colonias no tienen que molestarse en separarla porque toda va al relleno sanitario.

Si usted ingresa al portal de San Pedro Garza García en Nuevo León, (sanpedro.gob.mx) encontrará un anuncio de la campaña de reciclaje de la basura. Un esfuerzo organizado por el ayuntamiento con la colaboración de colonos, estudiantes y empresas. Tienen metas de reciclaje: aluminio, vidrio, cartón y vidrio. Reconocen que su ciudad es la que más desperdicios genera por habitante en el país.

Carlos Medina comenta que hay muchas posibles soluciones: crear composta, focalizar la recolección a la entrada de los fraccionamientos y destinar los recursos de la venta de desperdicios a causas nobles. Son hábitos que pueden inculcarse en las nuevas generaciones que están al pendiente del cambio climático.

En países más civilizados hay contenedores en las esquinas donde los ciudadanos depositan su basura ya separada. En Japón, por ejemplo, no hay basureros en las calles. La gente lleva una bolsa en la mano con la basura que luego guarda en su casa para depositarla en los contenedores más cercanos. Para llegar a un cambio cultural de esa naturaleza necesitamos crear conciencia desde hoy. Podemos comenzar por pequeños hábitos.

Las comunidades responden cuando hay liderazgo en los gobiernos y la gente advierte que los cambios no sólo son para entregar jugosos contratos con nuestros impuestos. Se requiere tesón, involucramiento del ciudadano y metas precisas como las tienen en San Pedro. Ahí todos ganan sin poner un cinco.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión