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Policía Federal

 8 jul 2019

Por: Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Sin duda en su casa los conocen, les hablan de tú y los quieren, pero me parece que en términos generales los policías y las policías (me refiero a las corporaciones), no gozan de la simpatía generalizada de la sociedad, ni siquiera después de dos intentos del que suelen llamar genial cómico Cantinflas, “El gendarme desconocido” y “El agente 777”. Es cierto que en el mundo las corporaciones policíacas no son simpáticas, pero algunas son respetadas, sin embargo en México estamos peor, ni las queremos ni las respetamos, y lo más “pior” y ya se sabe que “pior” es peor que peor, no les tenemos temor aunque algunas nos provoquen miedo, como un animal ponzoñoso, y no va a ser con redadas inconstitucionales como las ordenadas por el Ayuntamiento de Aguascalientes como se recupere el orden y la tranquilidad.

Muy probablemente el premio de la antipatía (y de eso conozco algo), lo tenga la Policía Federal, por su comportamiento altanero y prepotente, pero de eso a que como dijo el Presidente, se nos haya echado a perder, hay un buen trecho y, en todo caso, expresiones como esas no ayudarán a resolver el conflicto. El Presidente es bravucón, es pendenciero, se pone los guantes con todos, tiene tantos frentes abiertos que, al margen de sus seguidores fanáticos, la preocupación de muchos mexicanos es por las heridas, nuevas y reabiertas, de las que responsabilizan directamente al Presidente.

La rebelión anunciada de los policías federales no hay que atribuirla a manos negras, sino a mentes grises. Decía Alonso Quijano, el bueno, no maltrates de palabra a quien vas a castigar de obra. La composición de la tropa y de la marinería dista mucho de la de la Policía Federal, que siempre fue, más o menos una policía de elite. De manera que si además de cambiarles su trabajo, su adscripción, sus condiciones del servicio, su estatus, se les reducen sus prestaciones y sus percepciones, sólo un ingenuo o un perverso podría pensar que no habría protestas. Hubiera bastado que en el decreto presidencial publicado en el Diario Oficial el 28 de junio se garantizara que no se disminuirían las prestaciones, que por otra parte, cualquiera que no sea un funcionario morenista sabe que las prestaciones adquiridas no se pueden rebajar. En los Altos de Jalisco se suele decir que no hay que tentar a Dios de paciencia y que no hay que tensar la reata porque se revienta. Pero no es lo mismo los Altos que el Edén.

Una propuesta final. Y si contratamos a Tata Martino para que entrene a la Guardia Nacional.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión