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Itinerancia: Juárez no debió de morir, pero resucitó

 22 jul 2019

Por: Jesús Eduardo Martín Jáuregui

La primera del país, señora Beatriz Gutiérrez produjo un simpático discurso danzonero para conmemorar el centenario luctuoso, que, seguramente ahora, salvo lo que digan los asesores presbiterianos del presidente López Obrador, ya no será luctuoso sino gozoso, y digo discurso danzonero porque a mi pesar, me recordó un danzón clásico: Juárez que interpretaba una de las más clásicas danzoneras: la orquesta de Consejo Valiente Roberts, mas conocido como Acerina. El refrán de aquel danzón decía: Juárez no debió de morir, porque si Juárez no hubiera muerto, todavía viviría, porque si Juárez no hubiera muerto, otro gallo cantaría. Los estudiosos discuten sobre el origen de este danzón y aunque la versión final parece ser del chiapaneco Esteban Alfonzo, seguramente se inspiró en una pieza cubana dedicada a José Martín, pero, guardadas las proporciones estamos hablando de cuatro inmortales: Martí, Juárez, Acerina y el Danzón.

Pues estábamos en que la primera de México, Beatriz Gutiérrez, la misma de las disculpas por la conquista, en el homenaje a Juárez, citando a Jesús Urueta, se botó, con cara de pasar a la posteridad y poner en letras de bronce su dicho, la puntada de señalar: “el 18 de julio no es el día de la muerte de Benito Juárez, sino el día de su resurrección”, la cara de satisfacción del Presidente de la República era también como para ponerla en bronce. Yo, que soy un aguafiestas hice mi recuento de resucitados y pues me quedé en tres, todos de la Biblia: el joven que resucitó el poeta Eliseo en el antiguo testamento, Lázaro el que “andó”, y por supuesto Jesucristo, aunque cueste trabajo creerlo, sería por eso que mi hermanito cuando rezaba el credo en vez de “resucitó” decía: al tercer día resultó entre los muertos.

En preceptiva literaria se conoce como hipérbole la desmesura en los elogios, en las cualidades, en la zalamería. El hablar de algún héroe como alguien inmortal es una metáfora muy socorrida, quizás por eso “la primera” en sus afanes de originalidad y de marcar un hito decidió revivir a Juárez.

Ni hablar, la tentación del adanismo a todo lo que da. Aunque, pensándolo bien, parece que López Obrador se está perfilando como el gran taumaturgo, el milagroso, si resucitó a la “maestra”, si resucitó a “Napito”, si embalsamó a “Muñoz Ledo” y revivió las añejas prácticas y el estilo personal de gobernar de Luis Echeverría, que le dura resucitar a Don Benito Juárez, con todo y danzón.

Es todo por hoy, hasta una próxima, si la hay.

 

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