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El gran desafío

 26 jul 2019

Por: Otto Granados

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Otto Granados



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Es un funcionario público, consultor, académico y diplomático mexicano. Ha desempeñado una extensa c ...



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El actual gobierno federal ha hecho de su retórica contra la corrupción su mantra de todos los días, trátese del clima, de la economía, o de la producción de aguacate o la elaboración de queso, todo es culpa, según ellos, de la corrupción; y se centra en una lógica binaria donde unos, o sea ellos, son un coro de ángeles, y los otros, que son todos los demás, un ejército de demonios, es decir, los puros contra los pecadores.

Sin embargo, por ese camino no llegará muy lejos y al final el problema será mucho peor y mucho más grave, porque disminuirlo no es una cuestión de voluntarismo o de demagogia, sino de estrategia preventiva, mecanismos administrativos de buenas leyes, de instituciones que funcionen y de decisiones inteligentes y responsables, justo lo que no tenemos ahora.

Pero hay un factor adicional, en el fondo el más profundo y el más duradero, que es el comportamiento de la ciudadanía en esta materia, y aquí sinceramente estamos reprobados. Hace un par de semanas, la revista “Ciencia”, que es la publicación de divulgación científica más importante del mundo, divulgó un estudio basado en el retorno de cartera ajenas que tenían dinero adentro, en total, sembraron o se extraviaron intencionalmente 17 mil carteras en lugares públicos de 40 países para determinar el porcentaje de devolución: mientras que en Dinamarca, Suecia, Nueva Zelanda, Suiza o Noruega devolvieron las carteras con dinero entre el 78 y 82 por ciento de las personas, en México solo lo hizo el 18 por ciento de la muestra que se levantó en ciudades muy representativas del país como la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Puebla, León, Tijuana, Chihuahua y Mérida.

Es decir, tenemos un grave problema dentro del tejido social mexicano y no vale la pena darle vueltas ni buscar pretextos, sino entenderlo para corregirlo mediante la educación y la cultura cívica.

En México, la Ley, sea buena, regular, mala o peor, no es concebida como la referencia suprema a la cual debemos sujetarnos, por razones muy variadas, se ha convertido en objeto de interpretación, de negociación o de transacción, que se viola o se cumple dependiendo de circunstancias externas, ya sean políticas, económicas, o mediáticas, pero no porque la comunidad asuma que cumplirla es parte del orden natural de las cosas en un país que funciona.

Para que eso cambie es indispensable entonces producir una nueva racionalidad de la conducta legal, de la conducta lícita que cambie los proceso mentales que los individuos hacen para auto-justificar ciertas incidencias como, por ejemplo, las frases habituales tipo «si todo mundo lo hace, ¿por qué yo no?», lo cual simplemente profundiza el círculo vicioso.

Las campañas para no comprar productos piratas o para evitar los sobornos, por ejemplo, no han dado resultados a juzgar por los datos disponibles. Tampoco los programas educativos actuales, tal como están, han arrojado cambios importantes en las conductas o en los patrones de percepción de lo ilícito, y en ese sentido, los medios, las redes sociales y otros vehículos de comunicación, y desde luego la escuela, pueden y deben de jugar un papel muy útil si ensayan un enfoque alternativo en el tratamiento del problema de la corrupción.

En cierta forma, pareciera que durante años se han utilizado las campañas antitabaquismo, y sin haber acabado del todo con el hábito, de lejos han sido las más exitosas para inhibir esa conducta concreta, la eficacia de esta campaña, además de los costos, por supuesto, para el consumidor, radica en haber internalizado una clara conciencia de que fumar es malo para uno, malo para los demás y, peor aún, que se ve mal.

En el caso de la corrupción, la gente la reprueba a nivel verbal, pero es ampliamente practicada y, en tal caso, ni la mejor legislación, ni los mecanismos de control más estrictos, ni las políticas punitivas, ni la retórica del gobierno serán suficientes para reducir de manera sostenible este problema, si no se socializa el valor de legalidad, de la transparencia y de la honestidad como un recurso natural de vida, y ese es el gran desafío.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión