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Empresas familiares

 2 sep 2019

Por: Otto Granados

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Otto Granados



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Es un funcionario público, consultor, académico y diplomático mexicano. Ha desempeñado una extensa c ...



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Es bien sabido que en México, y en general en América Latina, hay dos características muy extendidas en el universo empresarial. Una es que el 98.5% de las empresas en Aguascalientes son micros, pequeñas y medianas y contribuyen con el 60% del Producto Interno Bruto (PIB) del estado, y la otra es que casi todas estas empresas, excluyendo las microempresas que son las que tienen entre 1 y 10 empleados como máximo, son de carácter típicamente familiar y generan el 67% del empleo. La conclusión es que el éxito y el desarrollo de este tipo de empresas sigue siendo uno de los dilemas y también de los objetivos más importantes.

El surgimiento de las llamadas empresas familiares tuvo en su origen dos explicaciones muy lógicas: por un lado, lo hijos eran la fuente más inmediata de mano de obra y su colaboración en el negocio se entendía como algo natural, no solo para hacerlo crecer, sino por razones de sobrevivencia generacional; y por otro, hay factor cultural muy arraigado que supone que el ámbito de mayor confianza para todo el sector práctico reside en la familia.

Sin embargo, por una enorme variedad de razones, el crecimiento, el éxito y sobre todo la sostenibilidad de este modelo de negocio se ha vuelto mucho más complejo y han surgido nuevos desafíos que hacen ahora toda la diferencia. El primero es que las empresas familiares que se mantienen en la vieja tradición cerrada, desaparecen máximo en la tercera generación, por ende, ahora es crucial la calidad y la preparación del capital humano que reúna una empresa y la cantidad de innovación y conocimiento que ésta produzca. El segundo factor es doble, por una parte las empresas exitosas de origen familiar suelen hacer dos cosas, una es integrar un equipo técnico, administrativo y logístico compuesto por profesionales debidamente reclutados por perfil y por mérito, que pueden o no ser parte de la familia, la otra es incorporar un gobierno corporativo formado tanto por personas pertenecientes a la organización, como por consejeros independientes, en donde los familiares ocupen una posición no necesariamente ejecutiva, y esto suele garantizar que se tomen las mejores decisiones para la empresa.

Con estos antecedentes y con una buena interpretación de la realidad económica nacional e internacional, las nuevas generaciones de empresarios debieran de entender la lección para no cometer los mismo errores, dicho de otra forma, aún con la mejor política de desarrollo económico ejecutada por el mejor gobierno, que no es el caso ahora por supuesto, si no hay una clase empresarial innovadora, moderna, audaz, agresiva y preparada, México no retomará el crecimiento elevado y sostenido.

La siguiente conclusión es que los negocios son cosa seria, es decir, la dedicación, la planeación, el orden o la intuición son indispensables ahora para hacer buenos negocios. En suma, hay que profesionalizar las empresas.

La tercer lección es entender que el nombre del juego se llama consumidores: en un mercado libre y agresivo, los principales agentes no son los empresarios ni el gobierno, sino el consumidor que tiene ahora un poder inédito para decidir sus opciones de compra como le venga en gana, y esta es una realidad que nadie puede cambiar, ni las regulaciones, ni los subsidios, sino solamente la sagacidad de las empresas para ganar consumidores.

Desde luego hay ejemplos exitosos y nos son pocas las empresas familiares mexicanas y aguascalentenses que están haciendo las cosas de manera distinta, pero si la mayoría quiere sobrevivir, tiene que profesionalizar sus operaciones, entender el mundo económico actual, trabajar mucho, contratar talento, innovar y competir agresivamente. No hay de otra si queremos que el régimen de empresas familiares florezca, crezca y se consolide a lo largo del tiempo.

 

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