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Política Salarial

 10 sep 2019

Por: Gloria Margarita Romo Báez

Ahora que el presidente, en su primer informe de gobierno, ha dado a conocer los resultados alcanzados durante su administración, es la ocasión para analizar el comportamiento de uno de los temas más relevantes de su agenda pública, el salario mínimo.

El tema salarial es un asunto muy relevante, especialmente para la base de trabajadores con menos ingresos y preparación académica, cuya fuente de ingresos se basa en sus habilidades y esfuerzo físico y, no tanto por sus capacidades de conocimiento.

El salario mínimo es una de las demandas más sentidas de la población, porque se traduce en el medio para satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, vivienda, educación, salud y esparcimiento, entre otros muchos satisfactores.

La política salarial de los últimos gobiernos ha sido fallida, porque se limitó el crecimiento del salario, quedando por debajo del mínimo necesario. Lo importante es conocer cuáles son los factores que intervienen en el poder adquisitivo del ingreso: el salario mínimo y la inflación. Ambos se interrelacionan de manera directa e inciden en el poder de compra de los asalariados.

Si recordamos el comportamiento observado en la década de los ochenta y hasta el 2014, constatamos que los salarios crecieron en casi todos los años a un ritmo menor a la inflación, provocando una pérdida constante del poder adquisitivo.

Sin embargo, a partir de 2015, el salario creció más que la inflación. En 2016, el salario mínimo aumentó 4.19% vs una inflación de 3.36%, en 2017 la relación fue de 4.19% vs 3.36%, en 2018 lo fue de 10.39% vs 4.83% y para 2019 de 16.21% vs 3.78% (de Julio 2018 al mismo mes de 2019).

Lo anterior demuestra que durante la segunda mitad del sexenio de Peña Nieto, el salario recuperó parte de lo perdido en décadas anteriores. Por su parte, la presente administración dio un empujón agresivo para mejorar el poder adquisitivo, especialmente en la franja fronteriza en donde el salario creció 100% vs una inflación de 3.78%.

Este logro fue posible gracias a un acuerdo concertado entre las fuerzas productivas y el Estado. Llama la atención que este incremento salarial no ha provocado mayor inflación y que por el contrario parece que se alcanzará la meta establecida para 2019.

A juzgar por las cifras, vamos en el camino correcto, aún y cuando sería deseable alcanzar lo que Anaya propuso su campaña presidencial, es decir la creación de un ingreso básico universal que garantice vivir con un mínimo de dignidad.

Lo antes dicho sólo será posible si el país crece y genera una mayor riqueza, y adopta políticas públicas de índole salarial que impulsen el crecimiento del ingreso por encima de la inflación, sólo así se podrá mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores que perciben los menores salarios.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión