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Economía rota

 7 feb 2020

Por: Otto Granados

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Otto Granados



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Es un funcionario público, consultor, académico y diplomático mexicano. Ha desempeñado una extensa c ...



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A penas a un mes de iniciar el año, once instituciones financieras recortaron ya la estimación del crecimiento de la economía mexicana para 2020 y ahora lo pronostican en un rango que va del 0.5% al 1.3% ¿Qué quiere decir esto? Que en el resto del año habrá nuevos ajustes y lo más probable es que terminemos con otro año perdido para todo efecto práctico, es decir, 0.0% o incluso peor.

El asunto no es para nada menor, es una situación mala que pinta para agravarse en los próximos meses  y años porque la falta de crecimiento no es tan solo un número, sino que supone que las empresas producen menos, generan menos empleos y menos inversiones por la sencilla razón de que los consumidores adquieren menos bienes y servicios; la gente empezará a tener problemas para pagar la salud, la educación, el transporte, el vestido, el entretenimiento, etcétera… y entramos así en un círculo vicioso del que nunca se sabe cuándo y cómo salimos.

Hasta ahora parece claro que las causas de esta situación se han concentrado esencialmente en las medidas de política pública tomadas por la actual administración federal y su impacto en los diferentes indicadores macroeconómicos, y en el clima de inversión y de confianza que, como es evidente, ha sufrido un deterioro severo.

Pero lo que es menos claro -y de esto hay suficiente evidencia- es que si no hay crecimiento, no hay desarrollo, no hay bienestar y no hay equidad, lo demás es falacia pura. Es decir, un proceso competitivo de crecimiento sostenido se funda sobre todo en los incrementos en la productividad y los niveles de inversión de un país, lo primero depende de la educación de alta calidad, la innovación, el emprendimiento, el progreso tecnológico, entre otras cosas; pero lo segundo, de las oportunidades que el país ofrezca para invertir y la disponibilidad de recursos tanto públicos como privados.

En cualquier caso, el punto central en la eficacia de la inversión es que ciertamente tenga un impacto positivo sobre el crecimiento, y esta es la clave, y el fracaso de algunos gobiernos que se dicen de izquierda en varias partes del mundo es haberse aferrado a creer que el pivote del crecimiento está en la redistribución más que en la producción de riqueza, esto es un graso error que viola tres reglas muy simples: no se puede distribuir más de los que se produce, un empleo no es durable si no es económicamente productivo y el Estado no está hecho para producir ni para gestionar empresas, su tarea es establecer y mantener las reglas del juego y nada más.

Este es el callejón de una discusión a la que por lo pronto no se le ve salida rápida. Dicho de otra forma, suponer que los recursos adicionales derivados de recortes presupuestales o de nuevo endeudamiento serán automáticamente funcionales para impulsar el crecimiento, depende de que se inviertan productivamente bien a todos los niveles y en todos los sectores. Para ello, el gobierno debe cambiar radical y urgentemente sus prejuicios y sus prioridades antes de que sea demasiado tarde y tengamos una economía rota.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión

 



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