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Itinerancia: la plaga de las bicicletas

 12 feb 2020

Por: Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Plaga.- Se conoce como plaga a la irrupción súbita y multitudinaria de insectos, animales u otros organismos de una misma especie que provoca diversos tipos de perjuicios. En sentido simbólico, por último, puede calificarse como plaga a un acaecer que afecta a una población o a un territorio.

Cuando yo era un niño para Navidad hice mi cartita pidiendo una bicicleta al Niño Dios, que, complaciente, y considerando que no me portaba tan mal, salvo las repetidas notas de mis maestras en el Colegio Portugal: “el niño platica en clase”, me trajo la anhelada bicicleta. Era pequeña y creo recordar que roja. Transcurrió el año y antes de poder aprender a andar en ella no obstante las lecciones de mis primos, inexplicablemente la bicicleta desapareció. Como la casa en que vivíamos siempre estaba abierta porque allí tenía mi papá su negocio, un laboratorio de análisis clínicos, pensamos que la hubieran robado.

La siguiente Navidad el Niño Dios reparó el entuerto y tuvimos la mañana del 25 una bicicleta muy parecida a la anterior, pero de otro color y algún aditamento diferente. Al cuarto año que sucedió lo mismo y por las indiscreciones de algunos compañeros, sospechamos de la intromisión de los papás, pero mi gusto por las bicicletas permaneció incólume. En ese tiempo y por temor a los coches que esporádicamente circulaban por la calle Nieto, un día decidí subirme a la banqueta. No había andado media cuadra cuando me topé con un agente de tránsito, Don Edmundo Ramírez que afable pero severo me llamó la atención. Nunca lo he olvidado.

Ahora, lamentablemente, no hay Edmundos Ramírez, las bicicletas y los bicicletudos que las tripulan no muestran el menor respeto ni por los peatones, ni por las señales de tránsito, ni por las áreas restringidas, ni por los niños y los ancianos (del latín antianus, el de antes) entre los que me cuento. Lo mismo circulan por las calles en sentido contrario, que suben y bajan de las áreas peatonales especialmente en donde en vez de banquetas hay bolardos, suben a las plazas y jardines, lo mismo les da que haya personas caminando, los semáforos están de adorno, al igual que los agentes de tránsito. Cómo me dijo una agente ¿o será agenta? Es que no entienden. Extraño a los bicicálidos que si entendían. La presidente municipal entre sus ofrecimientos hizo el de meter en cintura esta plaga, pero... no entienden.

Es todo por hoy, hasta una próxima, si la hay.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión

 



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