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El aborto en la Corte

 30 jul 2020

Por: Alan Capetillo

Con gran expectativa y teniendo como trasfondo el siempre complicado tema del aborto, en una importante decisión el día de ayer la Suprema Corte de Justicia de la Nación dejo claramente establecido que el Poder Judicial en lo general y el juicio de amparo en lo particular no son -ni pueden ser- un mecanismo jurídico que pueda ser utilizado para llevar a cabo imposiciones ideológicas de alcance nacional. 

Si bien hablamos a final de cuentas de una decisión técnica, en relación a las diversas competencias del legislativo y del judicial dentro de un sistema de división de poderes, no por eso deja de ser importante que, en un ejercicio de mesura y autocontención al protagonismo ideológico de uno de sus integrantes, el máximo tribunal de este país, al salvaguardar sus propios límites, permita al mismo tiempo privilegiar la idea de que en una democracia representativa y en una federación como es México corresponde a cada estado, a cada sociedad y a cada comunidad política del país tener una deliberación amplia sobre el tema.   

Ciertamente habría sido un despropósito con cualquier concepto de estado democrático sostener lo contrario y permitir una imposición ideológica construida a partir de una mera interpretación de una genérica norma internacional. Despropósito que, además -y con razón-, únicamente habría exacerbado aún más la conflictividad social de una parte muy importante de la sociedad que, a pesar de estar motivada por muy profundas convicciones, de un solo plumazo se habría visto sometida jurídica e ideológicamente a tener que acatar una decisión en cuya gestación se habría visto del todo impedida a participar. Hecho que por sí mismo resultaría incompatible con cualquier elemental noción democracia. 

Ahora bien, a diferencia de muchos otros debates políticos, el aborto no es una simple reyerta entre intereses mezquinos. El aborto es un muy complejo dilema moral que no deja indiferente la conciencia moral de nadie. Aunque quienes defienden el aborto y quienes defendemos la vida podemos diferir y probablemente siempre mantendremos nuestras diferencias. No debemos nunca olvidar que son la empatía a la vida inocente y la empatía al sufrimiento de muchas mujeres lo que mueve a todos los involucrados en este debate. Aunque tenemos opiniones y juicio morales distintos, a ninguno nos mueve la perversidad.  

¿Qué es la vida humana y cuando inicia? ¿Qué alcances tiene la responsabilidad en relación a la sexualidad? No son preguntas sencillas, vaya ni siquiera son preguntas científicas, son muy pero muy complejas preguntas morales y filosóficas en cuyas respuestas va en juego nuestra concepción misma de humanidad. Preguntas para las que, si bien probablemente nunca nadie en la historia pueda encontrar una respuesta que alcance un conceso concluyente, lo cierto es que con la sentencia del día de ayer la Suprema Corte de Justicia de este país le ha garantizado a la libertad y a la conciencia moral de cada mexicano el derecho a manifestar su convicción en la siempre interminable deliberación política y democrática de este difícil dilema. Bien por la vida y en este caso además bien por la libertad y la democracia.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión

 



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