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Perspectiva: dinero bueno al malo

 15 sep 2020

Por: Enrique Gómez Orozco

“Cuando Bernard Looney haga su tan esperado discurso a los inversores sobre el futuro de BP esta semana, se espera que el director ejecutivo transmita un mensaje: que BP será una empresa más fuerte cuando produzca menos petróleo y gas”.

Financial Times de Londres. 

Dos notas en el periódico de negocios de Londres dan cuenta del futuro de la petrolera British Petroleum: menos petróleo y gas, más energías limpias. Resulta curioso, el líder de una de las empresas más grandes extractoras, refinadoras y distribuidoras de hidrocarburos plantea a sus socios producir menos en el futuro.

Los expertos en el tema creen que el pico mundial de petróleo llegará en dos o tres años, aunque hay quienes calculan, que si hay una fuerza ambientalista mundial después del Covid, el año de mayor producción sería el 2019. De aquí para adelante veremos un descenso en el consumo de combustibles fósiles y el florecimiento acelerado de las energías limpias.

Después de 100 años de constante crecimiento, la extracción de oro negro llegó en 2019 a un promedio de 100 millones de barriles diarios. Cuando en el pasado pensábamos que no se podría alcanzar esos 100 millones, la extracción por medio del fracking en Estados Unidos y otros países expandió la oferta.

En 2020 el consumo cayó un 10 por ciento, y si no se recupera, el precio rondará los 40 dólares por barril. En resumidas cuentas: el petróleo no tiene gran futuro, ni será el enorme negocio que fue durante los últimos 100 años. La BP promete a sus socios invertir 10 veces más en energías limpias: aerogeneradores y plantas solares; métodos de almacenamiento y producción de hidrógeno están en el menú.

Además de otras tecnologías muy próximas. Ven hacia adelante un negocio verde. Sólo así será “una empresa más fuerte”.

El cambio climático acelera todo. Los incendios forestales en la costa Oeste de Estados Unidos y Canadá, crean conciencia. Saldremos del Covid y de los desastres naturales con una nueva generación en alerta. Tal vez le llamemos la “Generación Covid”.

En México, el Gobierno apuesta justo a lo contrario. Con el intento de rescatar Pemex y la CFE se irán cientos de miles de millones de pesos del erario y de la propia empresa. Mientras BP y otras petroleras reducen personal y dividendos para los inversionistas, aquí permanece la obsesión de hace medio siglo: la soberanía energética.

La mayoría de los países de la Unión Europea no tienen “soberanía energética” porque importan la mayor parte de sus combustibles, sin embargo, cuentan con un objetivo claro: en el 2050 tendrán equilibradas sus emisiones de carbón. Esa es una meta inteligente, por eso surgen como hongos en la campiña y en las costas los aerogeneradores. Quienes pueden como España tienen “granjas solares”.

El costo para México de distraer sus valiosos y escasos recursos públicos en empresas sin futuro detiene el crecimiento de la economía y la calidad de vida en los estados. El camino correcto sería que los particulares se dedicaran a producir todo de forma eficiente. El Gobierno puede y debe regular, ordenar y crear condiciones de competencia como en países desarrollados.

Volver al pasado del diésel sucio, del combustible para producir electricidad y la intervención estatal en la producción, sólo traerá más pobreza y atraso. Igual que haber destruido el proyecto de Texcoco.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión

 



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