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Perspectiva: Aguas con el efecto dominó

 24 sep 2020

Por: Enrique Gómez Orozco

El expresidente Ernesto Zedillo habla con sabiduría desde Londres. En una conferencia convocada por el sector inmobiliario, advirtió que hay un riesgo de que la pandemia lleve a muchas empresas a la quiebra. Les llama zombies. Si no hay un apoyo directo de todos los gobiernos,  en particular los latinoamericanos, a esos millones de negocios pequeños y medianos, la siguiente víctima puede ser el sistema financiero. Eso sería el terror que él evitó. 

Ernesto Zedillo recuerda que le fue mal al principio de su sexenio. Con la devaluación del 200%, el agotamiento en las reservas  y una inflación que llegaba al 7 por ciento  mensual. Tuvo que hacer ajustes muy dolorosos.

La popularidad del mandatario se derrumbó. Patriota y visionario; conocedor de la economía y con un equipo extraordinario en la Secretaría de Hacienda, Zedillo inició la reconstrucción financiera más exitosa de nuestra historia moderna. 

Una de las decisiones más cuestionadas por la oposición, y después por el propio Andrés Manuel López Obrador, fue el Fobaproa. El Gobierno sacaba dinero de donde fuera para impedir el hundimiento de la banca. No se trataba de salvar a los banqueros sino dar  seguridad a los ahorradores y restablecer el crédito interno. El país cayó un 7 por ciento en 1995. Fue durísimo.

Para dar certidumbre nacional e internacional, Hacienda dio entrada a grandes bancos internacionales. Scotiabank, Citibank, Santander y BBVA tomaron el control de Inverlat, Banamex, Serfín y Bancomer con inyecciones de capital y mayor cuidado en sus operaciones. Una medida que luego criticó mucho Carlos Salinas de Gortari porque “se había entregado el sistema bancario a extranjeros”. Sin embargo, la apertura funcionó para los cuentahabientes y la estabilidad económica del país. 

Si Zedillo hubiera tomado la decisión populista de dejar la banca a su suerte y hubiera apoyado en directo a los deudores, la caída habría sido del 30 por ciento del PIB. Sólo Venezuela ha experimentado ese desastre. El Fobaproa fue la decisión correcta, la menos dañina a pesar de que significa una carga para los contribuyentes. 

El tiempo le dio la razón al gran presidente: en 1996 comenzó la recuperación y en el 2000 el país crecía al 7 por ciento y la macroeconomía estaba sólida. Zedillo respetó la alternancia y pudo entregar a Vicente Fox un país en paz y con grandes ilusiones de cambio y renovación. 

Si ahora los zombies mueren por falta de liquidez, mercado y sin tener de donde asirse, la capitalización de la banca servirá de poco. Ya vimos lo que sucedió con el banco FAMSA. El Gobierno intervino porque, según expertos, no había forma de salvarlo. De entrada se lleva el 39 por ciento de las reservas del IPAB (Instituto de Protección al Ahorro). Cualquier otro banco que tuviera una crisis, podría extinguir esas reservas que eran de 61 mil millones. El pánico de los ahorradores crearía una corrida bancaria y tendríamos un caos de pronóstico reservado. 

Zedillo ha sido discreto y prudente. Su sensatez no le impide ser claro. Habla en general sobre Latinoamérica pero resulta imposible dejar de pensar en México donde la ausencia de un programa fiscal de apoyos puede crear un efecto dominó. (Continuará)

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión

 



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