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Feminismo como bastión

 28 nov 2020

Por: Alan Santacruz

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Alan Santacruz



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Analista político y de medios de comunicación. Escritor en dramaturgia, narrativa corta, artículo d ...



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El pasado 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer. Una efeméride necesaria en un mundo misógino y que vulnera por condiciones de género a más de la mitad de la población. En nuestro país, la condición de violencia contra las mujeres no se ha detenido. Por el contrario, los feminicidios van al alza. 

Cada año en México son asesinadas mujeres de todo rango de edad y de cualquier situación socioeconómica; pero el asesinato es sólo la culminación de la pirámide de esta violencia estructural. Debajo de los alarmantes asesinatos están las cifras estremecedoras de todo tipo de violencias, desde las sutiles que reflejan el acoso; hasta las explicitas que recogen las denuncias por agresiones físicas; pasando por otras violencias como las salariales y laborales, o las de asignación de roles de género en el ámbito doméstico.

Todavía peor. Debajo de las cifras denunciadas, que son contabilizadas en cantidades atroces, están las cifras negras de las violencias que no se denuncian y que se mantienen como norma social porque el sistema de costumbres, ideologías, religiones, y formas de establecer las estructuras sociales es profundamente misógina.

Ante esta realidad violenta, diversos colectivos de mujeres llevan años organizándose, sumando a más mujeres a integrar un bastión en contra de un modelo patriarcal que les agrede y les vulnera. En estos años, la falta de acción gubernamental, la poca seriedad con la que los poderes fácticos de la sociedad toman la justa reclama de esos colectivos, y la indolencia mayoritaria ante la injusticia; las mujeres organizadas han pasado de la protesta pacífica a la necesaria expresión violenta.

Ante esto, esa parte de la sociedad que vive en el privilegio de no padecer la violencia estructural motivada por el género, se escandaliza por las expresiones violentas de las protestas, sin cuestionar las motivaciones que han llevado a cada vez más colectivos de mujeres a expresarse de esa manera; y, sobre todo, sin revisar qué participación tenemos todos en propiciar que la violencia de género siga existiendo.

Que los movimientos feministas hayan tenido qué expresarse cada vez más fuerte para ser escuchados, no es culpa de las feministas sino del silencio de todos los que no hemos hecho nada por cambiar una realidad atroz; comenzando por las instituciones encargadas de prevenir la violencia y de procurar la justicia, y terminando con todos quienes hemos vulnerado de una u otra forma a las personas en función de su género.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión

 



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