Cuando la política olvida la ética

Ignacio Ruelas Olvera

Los legisladores deben representar a toda la nación y no a sus partidos ni a sus bancadas

Ignacio Ruelas Olvera

Uno de los episodios más vergonzosos que hemos vivido en estos días es sin duda los golpes que en medio de los espacios parlamentarios se dieron entre el senador Noroña y el senador “Alito”.

Muy desagradable, porque los dos tienen una altísima responsabilidad de no respetar el voto ciudadano y el espacio institucional en el que está configurada la república. Y eso nos refleja la idea que tienen de la política y del Estado mexicano.

Pedro Salazar Ugarte, un maravilloso, excelente académico, nos dice que la relación de ética y política debe abordarse desde la filosofía política a través de un pacto, lo pactado contra el realismo político. La ética debe buscar el deber ser, la política se mueve en el mundo de lo posible.

En una democracia el poder debe ser legítimo y transparente. Debe haber una ciudadanía activa y la ética debe aplicarse a la participación ciudadana. Es decir, nosotros también tenemos responsabilidad por dejar que hagan estos zafarranchos. Debe de haber una lógica argumentativa y no un capricho ideológico.

En el contexto parlamentario, la ética se traduce en una transparencia legislativa.

Los parlamentarios deben actuar con integridad, debe haber una deliberación racional, las decisiones deben basarse en argumentos éticos, debe de haber una responsabilidad institucional, la representación popular como institución debe fomentar una cultura ética entre normas y prácticas.

La ética es la disciplina que garantiza el estado de derecho. La legalidad acompañada de legitimidad moral, representa intereses colectivos. Los legisladores deben actuar a nombre de la nación, no a nombre de sus partidos ni de sus bancadas.

La ética permite el diseño de leyes justas mediante principios éticos, equidad, justicia, respeto a los derechos humanos y una sostenibilidad. Debe de haber principios fundamentales que deben regir la ética parlamentaria, la representación. Los legisladores deben representar a toda la nación y no a sus partidos ni a sus bancadas.

La libertad debe de ver debe de ser la actuación con independencia, con conciencia, con coherencia, lucidez, con argumentos. La información debe estar dada en datos veraces y accesibles. Debe de haber una igualdad para hacer leyes sin discriminación.

Deben abordarse códigos de conducta parlamentaria que integren transparencia, rendición de cuentas, participación ciudadana, pero sobre todo, un diálogo sin prejuicios. La política no puede señalarse como una ausencia de diálogo, de debate, de discusión.

Ganar una elección, ganar el poder público, que los votos se transformen en poder público no te garantiza el poder de una ideología o el poder de un partido político. Quienes protestaron para cumplir y hacer cumplir la Constitución, protestaron para garantizar el estado de derecho para todas y todos los mexicanos.

Noroña está mal, “Alito” está mal.

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