Elección judicial en Teuchitlán

Hilda Hermosillo Hernández

Sin un estado de derecho no importa cuántos cargos más se sometan a la voluntad del pueblo.

Hilda Hermosillo Hernández

A 88 días de la primera elección judicial en México, el hallazgo de restos humanos y cientos de artículos personales en Teuchitlán, Jalisco, cimbró a la nación entera.

Mientras el país se prepara para elegir por voto popular a quienes se encargan de impartir justicia, un colectivo de búsqueda de personas desaparecidas descubrió en el rancho Izaguirre -a unas tres horas de Aguascalientes- un centro de reclusión, adiestramiento y exterminio, donde un grupo delictivo ejerció y enseñó a ejercer la violencia a personas posiblemente reclutadas contra su voluntad, cuyo paradero es desconocido para sus seres queridos.

Más de 125 mil personas no han sido localizadas desde 2006. En casi dos décadas las autoridades han cambiado de nombre, rostro y partido político, pero la falta de respuestas ha sido una constante. La sociedad civil se ha plantado frente a la incertidumbre con pico y pala, rascando y escarbando por todo el territorio nacional con el fin de hallar pistas de sus seres queridos. "El Estado no busca, porque si buscara se encontraría a sí mismo", reclaman al conjunto de instituciones que les ha fallado.

A partir de 2025, los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial serán renovados a través del método democrático. El derecho de la ciudadanía a votar y ser votada, su quintaesencia, es también un derecho humano ligado a otros para poder ser ejercido a plenitud: al derecho a la vida, a la seguridad y libertad personal, a la libre circulación, al acceso a la justicia, entre otros que hacen una atmósfera indispensable para que emitir un sufragio como la Constitución manda: libre, universal y auténtico. 

En un país atravesado por la violencia es difícil que las elecciones reúnan estas virtudes. Resulta inevitable señalar la secuencia de acciones y omisiones que nos trajeron a Teuchitlán y los sitios que faltan por nombrar, pero resulta ocioso tomar postura como si de un partido de fútbol se tratase cuando tantas familias de personas desaparecidas han quedado en medio de narrativas cruzadas en las que se interpretan los hechos a conveniencia política. La crisis humanitaria excede esas lógicas. 

Es hora de superar los maniqueísmos y asumir responsabilidad, pues el Estado al que tanto se hace referencia no es un ente abstracto, sino una organización política compuesta por individuos, con nombres y apellidos, de quienes toman -y han tomado decisiones- desde su estructura.

Sin un estado de derecho no importa cuántos cargos más se sometan a la voluntad del pueblo, hasta entonces no habrá democracia posible.  

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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