Perspectiva: El gato escondido

Enrique Gómez Orozco

El mayor peligro es una escalada donde la globalización deje de funcionar

Enrique Gómez Orozco

La bronca en la que se metió Donald Trump y en la que va a meter a medio mundo tendrá una respuesta inmediata, por el silencioso camino de los servicios. No todo es manufactura y mercancías. La mayoría de los países pagan mensual o anualmente servicios que damos por hecho, casi sin sentirlo. Estas líneas están escritas en una Mac de Apple, la computadora fue fabricada por FoxConn en China, aunque algunas partes provienen de otros países. El software está hecho en California y desde ahí lo actualizan.

El procesador de palabras es de Google; la plataforma donde investigamos de dónde viene la Mac y sus partes es Perplexity.AI pro, un servicio pagado. Usamos Excel de Microsoft y una línea de internet proviene de los satélites Starlink. El teléfono Apple también fue fabricado en China, pero todas las apps son servicios que cobra Apple. La mayoría de las empresas que los proporcionan son norteamericanas.

Las suscripciones útiles para el trabajo cotidiano se aglomeran, solo por nombrar algunas: The Weather Channel, varios periódicos norteamericanos y el Kindle de Amazon para comprar y leer libros. Qué decir de Tripadvisor, Booking, Airbnb. Las compañías norteamericanas de servicios le reportan a Estados Unidos un billón (trillion) de dólares anuales desde el extranjero, según el New York Times.

Google, servicio de Alphabet, es el buscador más popular del mundo y en Europa lo consideran un monopolio al que quieren combatir. Absorbe miles de millones de dólares de publicidad. Qué decir de Youtube, la nueva forma de ver televisión abierta. A Apple y a Meta les han puesto multas también por sus prácticas comerciales monopólicas o por sus descuidados contenidos que la Unión Europea considera nocivos. Mañana podrían poner aranceles a todas las compras digitales, suscripciones y servicios de EE.UU. Facebook e Instagram también venden publicidad por todo el mundo y TikTok, que viene de China, será “norteamericanizada” en unas semanas.

La extensión y profundidad de los aranceles impuestos a otras naciones, son precisamente “impuestos” para los norteamericanos. El mayor peligro es una escalada donde la globalización deje de funcionar. El show que montó Trump se va a desmoronar cuando la horrible realidad llegue, los futuros del mercado lo dicen. Muchas empresas decidieron mudarse a Estados Unidos como la Hyundai, otras perderán el mercado norteamericano y, muchas más, seguirán compitiendo con precios a rajatabla.

Shein, Temu y los fabricantes de textiles de oriente no se amedrentan con aranceles del 50%. Quebraron a Forever21. Los costos de fabricación de Vietnam, Camboya, Bangladesh y otras naciones emergentes permiten parte de la sobrecarga. Ningún fabricante norteamericano (ni siquiera mexicano), puede igualar sus precios. Basta darse una vuelta por Temu para comprenderlo.

Los autos fabricados en México conservarán parte de su competitividad si se toma en cuenta que no serán gravadas las partes que vienen de Estados Unidos, la inflación interna que tendrá nuestro vecino y el inmenso costo de relocalización a cualquier estado norteamericano. Tan sólo la mano de obra necesaria para ensamblar un auto es del 7% en EE.UU y del 2% o 3% en México. Pero no es sólo eso, el acero será más barato aquí, al igual que el aluminio y el cobre, por ejemplo.

Si otros países suben sus aranceles, habrá más dinero para los gobiernos y menos para los consumidores. Lo que hoy dictó Trump es una guerra comercial como nunca la habíamos visto.

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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