Trump contra el mundo 3

Alan Santacruz

Y ese bárbaro es nuestro vecino

Alan Santacruz

Donald Trump está contra el mundo. Y el mundo incluye a los ciudadanos de su propio país. Desde su regreso al poder, el presidente norteamericano ha escalonado su postura como el bravucón global que ahora padecemos. Hagamos un recuento rápido de lo que va en su mandato:

Apenas llegó de vuelta a la presidencia, anunció una agresiva política de aranceles y proteccionismo económico que lastimó al comercio mundial. Luego, amenazó a los miembros de la Corte Penal Internacional que se pronunciaron por enjuiciar al premier israelí Benjamín Netanyahu por crímenes de lesa humanidad en Gaza, y declaró su apoyo irrestricto al régimen genocida de Israel. Después, Trump utilizó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), como su policía política personal para articular la política xenófoba contra la población migrante y también contra la ciudadanía norteamericana cuya racialización es distinta al estereotipo blanco caucásico de ese país.

Luego, en un contexto en el que el propio presidente norteamericano estaba a punto de enfrentar la crisis de los archivos Epstein, en los que presuntamente se le involucra a Trump y sus socios en casos de abuso sexual a menores, el gobierno estadounidense publica el documento de Estrategia de Seguridad Nacional, con el que reinterpreta la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, ampliando la impostura de Estados Unidos como Policía del Mundo, en contra de las soberanías de los países del globo.

En esa trama, Donald Trump comienza una escalada cometiendo piratería naval en aguas internacionales, atacando barcos, y asesinando extrajudicialmente a personas en el mar, con el pretexto del combate al narco. Así, remata esta escalada invadiendo militarmente a Venezuela, y secuestrando al dictadorzuelo de Nicolás Maduro, violando lo más elemental del debido proceso y del derecho internacional.

Así, mientras el mundo apenas digería y analizaba esta agresión bélica a la diplomacia, Trump aumentó la apuesta: afirmó que -en su loca guerra contra el narco, que en realidad es depredación de recursos, territorios, y poder global-, después de Venezuela, siguen México, Cuba, y Colombia. Ahí no detuvo sus declaraciones. Incluyó al territorio danés de Groelandia como un territorio que Estados Unidos va a arrebatar por las buenas o por las malas, ante la oposición de la Unión Europea.

Los propios legisladores norteamericanos ya se han posicionado para meter candados legislativos a fin de evitar que sea la autocracia del presidente la que determine si se invaden países. Sin embargo, su propio expediente ha probado que a Trump le importa poco la legalidad.

De este modo, con un bravucón al mando de una potencia mundial, las tensiones globales aumentan. Mientras los gobiernos del continente americano lidian con la amenaza real de la intervención; Medio Oriente continúa como un polvorín alimentado por Estados Unidos; y Europa (la OTAN incluida) atestigua cómo uno de sus aliados históricos se vuelve contra ellos; así, China y Rusia constituyen el polo de poder opuesto en el juego geopolítico.

Ese es el entramado en el que el Derecho Internacional se diluye ante la ley del más fuerte, pero Estados Unidos no es el único país fuerte, además de que la suma de países con poco poder puede engendrar un poder mayor, aunque la Organización de las Naciones Unidas ahora sea totalmente inútil. La historia nos recuerda que cuando no hay legalidad, no hay civilización; y que el arreglo civil es lo único que nos separa de la barbarie. Estamos, entonces, ante el vulgar despliegue de poder de un bárbaro. Y ese bárbaro es nuestro vecino.

 

-

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

Cargando Minuto a Minuto...
Cargando Otras noticias...