¿Con Sansón a las patadas?

Otto Granados

Otto Granados

Tanto en el sexenio pasado con López Obrador como con Sheinbaum, los gobiernos de Morena han mantenido una relación con Estados Unidos que por lo menos puede calificarse de extraña si no es que sencillamente deficiente y riesgosa.

Aunque empezó con gran cantidad de diferencias verbales donde en público se decía una cosa y en privado se hacía otra, todo indica que ese jueguito ya se agotó y que EEUU ha perdido la paciencia acerca del tipo de relación que quisiera tener con México. Como es evidente, el desempeño de Sheinbaum ha ingresado a una espiral muy peligrosa.

Pongamos las cosas de una manera ordenada.

Nos guste o no, la relación de México con EEUU ha sido, es y será la más importante. Y hoy los necesitamos más que nunca. Veamos algunos datos duros.

En territorio norteamericano hay 11 millones de personas nacidas en México, la mayor comunidad de inmigrantes en ese país. Si se incluye a los méxico-americanos de segunda y tercera generación, la cifra asciende a 36 millones de origen mexicano. Y hay que sumarle unos 4 millones indocumentados. Sin ser exacta la cifra, pero se calcula que hay 190 mil aguascalentenses.

Esa paisanada envía anualmente casi 62 mil millones de dólares en remesas a todo el país y aquí hay un detalle interesante. Hace diez años, los paisanos de Aguascalientes mandaban a sus familias 357 millones de dólares (mdd) y ahora en 2025 envían 937 mdd, casi tres veces más. Esta última cantidad equivale al 4% del PIB estatal, es decir, más de lo que produce el campo de Aguascalientes.

El segundo dato es que México exporta en total 665 mil mdd, de los cuales 551 mil van a EEUU, y de éstos 13 mil 600 se producen en Aguascalientes. Y el tercer dato es que son bien conocidas las aristas del crimen organizado de origen mexicano, el lavado de dinero, el tráfico de sustancias ilícitas o la distorsión que produce el contrabando de hidrocarburos, parte del cual por cierto pasa o se distribuye desde Aguascalientes como se supo estos días por información de la fiscalía federal.

Ante ese panorama, México quiso jugar un doble juego con la administración Trump. Por un lado, estuvo extraditando a presuntos delincuentes mexicanos, casi a 100, a EEUU; por otro, cada mañana se decía que las detenciones y procesos judiciales se ejecutarían en México por razones de soberanía, pero toda esa retórica ha perdido credibilidad porque nadie confía en las agencias policíacas, militares y judiciales mexicanas. Hasta que llegó el día en que ese juego se agotó porque México no puede seguir encubriendo a personajes imputados y EEUU quiere más, quiere presuntos delincuentes y de más alto nivel político como los gobernadores de Sinaloa, Sonora y Tamaulipas y otros personajes que estén involucrados en el crimen organizado.

En este punto, Sheinbaum se encuentra en un callejón sin salida. Por una parte, está en plena revisión del tratado de libre comercio del que dependen empleos, inversiones y exportaciones, y por otra EEUU le pide acción concreta en materia de extradiciones. Y aquí es donde la reacción mexicana está siendo demasiado sospechosa y peligrosa.

El gobierno sabe muy bien que muchos de sus aliados políticos y partidistas están metidos hasta el cuello en distintas modalidades delictivas, pero se resiste a entregarlos por el miedo de que si esto ocurre uno o varios de ellos canten, es decir, que delaten a otros y entonces la pirámide se desplomará y es inimaginable la pus que pueda salir y embarrar hacia todos lados de Morena.

Esa es la cruda realidad. Este complejísimo problema no será resuelto con palabrería soberanista sino con acciones concretas. Dicho de otra forma, no se resolverá con gritos mañaneros sino con goles judiciales.

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