El amor de toda una vida (Primera parte)
También la ciencia ficción o los libros de consejos, hoy llamados “de autoayuda”, son indispensables para entender nuestro tiempo
Llega el fin de semana la Fenal37 (Feria del Libro) a León. Un festín de editoriales y publicaciones, de eventos y de reencuentro con los libros. El Poliforum se convierte en una inmensa librería, en un paseo imperdible para quienes amamos la literatura de todo tipo: novelas, historia, biografías, filosofía y negocios. También la ciencia ficción o los libros de consejos, hoy llamados “de autoayuda”, son indispensables para entender nuestro tiempo.
Cuando se temía que los libros y las librerías desaparecerían con la llegada de las tabletas, del Kindle o de los audiolibros, la industria editorial creció en la mayoría de los países. A paso lento, pero creció y crecerá. Tomemos el caso de la cadena de librerías más importante de Estados Unidos, Barnes & Noble. Durante años sufrió problemas económicos. Su mayor competidor, “Borders”, quebró en 2011 con 399 tiendas cerradas. En su apogeo, a principios de siglo, Borders llegó a contar con 1.200 librerías. Barnes & Noble también comenzó a cerrar ubicaciones en todo Estados Unidos hace algunos años, hasta que sucedieron dos fenómenos: en TikTok, la gente publica sus preferencias literarias, tanto de novelas románticas bestsellers como de libros de filosofía práctica (estoicismo), e incluso de ficción fantástica a partir de libros infantiles como los de Harry Potter o Los Juegos del Hambre, por ejemplo.
Otras redes sociales, como Youtube e Instagram, también difundieron “shorts” de influencers con recomendaciones. El efecto para Barnes & Noble fue la resurrección del tráfico en sus librerías, lugares muy agradables para hojear libros y revistas. Con un plan bien diseñado de adaptación a los mercados y el viento de cola de las redes sociales, la cadena volvió a crecer en años recientes con la apertura de 60 nuevas tiendas y un plan de crecimiento para el futuro. Sus locales, que eran simples librerías, se convirtieron en centros de convivencia y aprendizaje; además, explotaron bien el mercado de los juguetes didácticos. Los niños también regresaron.
Ni los medios digitales mataron al libro ni su fuerza de integración intelectual fue derrotada por los audiolibros, aunque también hay un crecimiento formidable en el nuevo formato. Quienes tenemos un amor vital por los libros vamos de un formato a otro. En el Kindle, la lectura es fácil y la posibilidad de subrayar y anotar ayuda a recordar los temas, aunque, a decir verdad, ninguna experiencia supera al papel impreso. En alguna época temí poner rayas, anotaciones o comentarios al margen; hoy encuentro imposible no usar el marcador o la pluma para dejar huella en lo que he leído. La memoria no es la de antes. La única limitación de los libros físicos es su peso. El último de Dan Brown,“El secreto de los secretos”, tiene más de 600 páginas. 2666 de Roberto Bolaño, más de mil.
El reto no sólo es leerlo, sino cargarlo. Ahí es donde entra el Kindle al rescate.
Los audiolibros son ideales para escucharse en el auto; su inconveniente es la imposibilidad de concentrarse por completo en el hilo narrativo debido al ruido exterior. Para remediarlo, los medios electrónicos permiten regresar a “páginas” anteriores y hacer marcas o subrayados digitales con un toque en la pantalla. Todo un rollo. (Continuará)
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