El club de las elecciones
En la actualidad el voto universal, libre, secreto y directo constituye un derecho humano fundamental
El club de las elecciones, ¿qué podría salir mal? De inicio, habría que elevar los requisitos de membresía al padrón electoral. Tener título académico, pagar impuestos, ser gente de bien, a cambio de derechos políticos. Parece razonable que una ciudadanía vip elija mejores gobiernos. Una democracia ilustrada. Piensenla, como de primer mundo.
La idea millonaria de ciertos creadores de contenido, quienes sostuvieron que "no todos deberían votar" es todo, menos novedosa. El voto censitario, como se denomina a lo que se debate en redes, es viejo conocido en la historia de las democracias liberales en occidente. Había que cumplir con condiciones de género, raza, clase y nivel de instrucción, bajo la lógica de que solo quienes tenían capacidad para contribuir al Estado podían participar en sus decisiones. Incluso en México el sufragio llegó a limitarse a un censo, cuya inscripción exigía ser hombre, propietario de tierras, que supiera leer y escribir. Es decir, reunir un perfil que dejaba fuera a la mayor parte de la población.
La imposición de restricciones por nivel de conocimientos tampoco es ningún descubrimiento contemporáneo. Por ejemplo, hasta 1965 se exigía en varias partes de Estados Unidos un test de alfabetización para acudir a las urnas que, en la práctica, no pretendía evaluar la educación, sino que operaba como mecanismo para excluir a la población afroamericana y a las minorías étnicas.
Así las cosas. Tras luchas sociales, las barreras a la participación democrática fueron desapareciendo en el transcurso del siglo XX. En la actualidad el voto universal, libre, secreto y directo constituye un derecho humano fundamental, por lo que cualquier condicionamiento por razones de instrucción, patrimonio, pago de impuestos o cualquier otra categoría sería, en principio, inconstitucional e incompatible con las obligaciones internacionales del Estado mexicano.
Es cierto: la ignorancia representa un desafío para hacer efectiva la libertad del voto; sin embargo, la discusión debe centrarse en el problema estructural que la origina. Porque la cultura cívica es esencial para ejercer un voto razonado, pero no justifica restringir un derecho humano. Pese a ser un ideal democrático, convertirla en un requisito de acceso implica volver a un modelo de ciudadanía que no funciona: un club exclusivo de élites.
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