¿Existe el derecho a la eutanasia y al suicidio asistido?
Es un tema de intensa y legítima controversia entre ética, ciencia y religión
Hace un par de semanas, el Poder Legislativo de Francia aprobó una iniciativa que reconoce el con lo que se convierte en el sexto país europeo en legalizar o despenalizar dichas prácticas.
Se trata de un debate necesario que ha transitado con lentitud.
Por ejemplo, ya en el año 2009 el Congreso de Aguascalientes aprobó la Ley de Voluntad Anticipada, también llamada de eutanasia pasiva, mediante la cual una persona que padezca una enfermedad terminal decide libremente someterse o no a tratamientos o procedimientos médicos que pretendan prolongar su agonía protegiendo en todo momento su derecho a una muerte digna. Hasta allí está clara la opción.
Sin embargo, la eutanasia activa y el suicidio asistido siguen prohibidos y penalizados por la legislación estatal y federal y es hora de retomar la reflexión sobre este tema tan sensible y podemos plantearlo de la siguiente forma: ¿existe tal cosa como el derecho a que una persona decida cuándo morir?
En principio me inclino a pensar que sí y, aunque es un tema de intensa y legítima controversia entre ética, ciencia y religión, quizá es tiempo de promover una determinada aceptación cultural y legal de las modalidades mediante las cuáles una persona pueda poner fin a su vida en condiciones médica y psicológicamente dignas.
Decisiones así parecen ser más frecuentes. Hace años, el filósofo André Gorz y su esposa, Dorine, quienes habían estado unidos por medio siglo, se suicidaron solitariamente en su casa en un pueblecillo francés. Poco más tarde, bajo asistencia clínica, el director de orquesta Edward Downes y su mujer hicieron lo mismo "en circunstancias que ellos eligieron", según declararon sus hijos; tenían 54 años de vida en común.
Casos como estos deben ser abordados al menos desde el punto de vista legal y ético. Por un lado, quizá tengan en común, además de una enfermedad terminal, el miedo a la soledad, a la vejez y al deterioro físico y mental, al abandono o al sufrimiento que, para algunos, puede significar la experiencia misma de la vida. Pero hay algo más potente y es la convicción de que, en determinadas circunstancias, elegir sobre uno mismo, en plenas facultades, es un derecho que debe ser protegido por la ley.
Hasta ahora, unos 10 países tienen legislaciones que permiten el suicidio asistido y la eutanasia activa. En EE. UU. está regulado a nivel estatal y existe en estados como California, Colorado y Oregon. Varios países han avanzado en la despenalización de la eutanasia y en México hay una iniciativa de ley atorada en el congreso federal desde 2025. Pero el terreno más polémico estará, sin duda, en el lado ético de la cuestión.
Cualquiera que sea la posición que se adopte, en el futuro habrá una ética distinta que reconocerá que es el hecho de ser persona –es decir, un ser con cierto nivel de conciencia- y no la pertenencia a la especie, lo que definirá “el derecho de los individuos autónomos y competentes a decidir cuándo vivir y cuándo morir”.
La cuestión es sin duda muy compleja, pero al menos hay que hacerse esa pregunta. Por lo pronto, amigas y amigos, ¿ustedes qué piensan?
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