Durante febrero, la inflación en México se ubicó en 4.02%, superando el límite superior del rango objetivo establecido por el Banco de México. Sin embargo, más que el dato puntual, lo que hoy debe preocupar es el entorno en el que se presenta. La inflación no solo ha mostrado persistencia en los últimos meses, sino que además enfrenta nuevas presiones externas que podrían intensificarla en el corto plazo. No estamos ante un episodio aislado, sino ante un fenómeno con señales claras de continuidad.
La señal más contundente se encuentra en la inflación subyacente, que acumula varios meses al alza. Este componente, que refleja la tendencia de mediano plazo, incluye alimentos, bebidas y servicios, y actualmente se ubica en 4.5%. Su comportamiento impacta directamente el poder adquisitivo de los hogares. Más aún, evidencia que el repunte inflacionario no responde únicamente a factores coyunturales, sino también a presiones de carácter estructural.
En contraste, la inflación no subyacente se ha mantenido en niveles relativamente bajos, lo que durante un tiempo permitió contener la inflación general dentro del rango objetivo. Actualmente, este componente registra una variación anual de 2.44%. No obstante, su aparente estabilidad es frágil, ya que es altamente sensible a factores externos. Basta un choque en los mercados internacionales para que su comportamiento cambie de manera abrupta.
El principal riesgo hoy proviene del conflicto en Medio Oriente. La tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán ha elevado el precio del petróleo por encima de los 95 dólares por barril. A ello se suma la posibilidad de nuevas alzas si persisten las disrupciones en el estrecho de Ormuz. Este encarecimiento no solo impacta a los energéticos, sino que se transmite a lo largo de las cadenas de suministro, afectando costos de producción, transporte y, eventualmente, precios al consumidor.
El impacto ya comienza a sentirse en el bolsillo. La gasolina premium, sin estímulos fiscales y fuera del acuerdo de control de precios, ha superado los 30 pesos por litro en algunas regiones del país. En el último mes, su precio ha aumentado 4.4%, muy por encima de la inflación general. Frente a este panorama, el gobierno ha optado por medidas de contención, como la reducción del IEPS al diésel y el acuerdo para mantener la gasolina regular por debajo de 24 pesos por litro. Si bien estas acciones buscan mitigar el impacto inmediato, especialmente en transporte y logística, su alcance es limitado.
El dato de febrero no es un punto de llegada, sino una advertencia. En un entorno global incierto, la inflación en México sigue siendo un problema abierto. Las medidas de contención pueden ganar tiempo, pero no resolver el problema de fondo. La pregunta ya no es si la inflación aumentará, sino por cuánto tiempo se mantendrá elevada y, sobre todo, si bien Banco de México tomará las decisiones pertinentes para contenerla.
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