La bota en la urna
Morena ganó gubernaturas con una velocidad que volvió habitual ver su color. (...) Cada estado que cambie de manos le quitará operadores, acuerdos y capacidad de organizar la siguiente campaña.
Morena ganó gubernaturas con una velocidad que volvió habitual ver su color. Ahora enfrenta una elección menos cómoda: conservarlas. En 2027 habrá diecisiete gobiernos estatales en disputa; trece corresponden al oficialismo, incluido San Luis Potosí, gobernado por su aliado, el Verde. Cada estado que cambie de manos le quitará operadores, acuerdos y capacidad de organizar la siguiente campaña.
La dificultad apareció antes de que Trump hablara en la ONU. Algunos gobiernos de Morena llegan a la sucesión con preguntas sobre seguridad y sobre funcionarios que debían enfrentar al crimen. En Sinaloa existe una acusación penal contra Rubén Rocha Moya que describe una presunta red dentro de varias instituciones. Sus afirmaciones deberán probarse. En Baja California, los audios atribuidos a Marina del Pilar exigen una verificación distinta. Las responsabilidades de ambos casos no pueden mezclarse.
Lo que sí puede compararse es la reacción del partido. Cuando surge un señalamiento grave, Morena procura mantener el gobierno funcionando y respaldar a quien lo encabeza. Esa prioridad puede evitar una crisis inmediata. También puede dejar para el siguiente gobernante la revisión de policías, fiscalías y nombramientos que debió comenzar durante el actual.
Ahí la elección se vuelve una trampa para quien busca conservar el estado. El gobernador saliente aporta estructura, operadores y respaldo al candidato que pretende sucederlo. Si gana, ese candidato tendrá que decidir si investiga a personas de las que dependió para llegar al cargo. Morena puede retener una gubernatura y trasladar sus preguntas pendientes al gobierno siguiente. La campaña le exigirá defender una administración sobre la que quizá necesite ejercer autoridad al día siguiente. La lealtad que sirve para ganar puede terminar por decidir qué expedientes se abren y cuáles esperan turno.
Trump acaba de añadir presión a esa cuenta. Ante la ONU habló de territorio mexicano controlado por cárteles y de emplear la fuerza estadounidense para proteger sus intereses en el hemisferio. Lo hizo semanas antes de las elecciones intermedias de su país. Puede repetir esa acusación cuando le resulte útil ante sus votantes. Su discurso no permite afirmar que haya decidido intervenir militarmente en México.
Sheinbaum tiene razón para rechazar cualquier amenaza de ese tipo. La defensa de la soberanía, sin embargo, tendrá mayor fuerza si México investiga por iniciativa propia a las autoridades señaladas. Esperar a que Washington publique otro expediente dejaría en manos de Trump el momento de una discusión que corresponde abrir aquí. Y obligaría otra vez a los candidatos de Morena a responder por decisiones que se tomaron mientras su partido gobernaba, frente a votantes que conocen bien el costo local de esas decisiones.
Morena llega a 2027 pendiente de los estados que ya gobierna. Perder varios lo obligaría a disputar 2030 desde una posición de rescate; conservarlos a través de sucesores comprometidos con sus antecesores prolongaría las preguntas que hoy evita. A estas alturas, retener lo ganado le exigirá toda su fuerza. En las ciudades que sueña conquistar, la cuenta empieza después.
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