La palabra dictadura
Si bien, toda dictadura es autoritaria y autocrática, lo cierto es que no toda autocracia es una dictadura
Dictadura se ha vuelto una palabra de uso común en la opinión pública, especialmente para descalificar a los gobiernos por decisiones arbitrarias, cometer abusos de poder o por cualquier medida criticable, sin importar si reúnen las características de un régimen dictatorial. El lenguaje construye realidades y emplear esta categoría de manera indiscriminada puede normalizar prácticas poco saludables para la organización política de las sociedades.
No se trata de solo un insulto: es un concepto histórico, político y moral muy preciso, donde se inscriben gobiernos en los que el poder político se concentra en una persona o élite;sin contrapesos, sin pluralismo y con restricción a libertades civiles y políticas. Pero no todos los regímenes con estos rasgos autoritarios se consideran dictaduras: para Juan J. Linz cuando a las características antes mencionadas se suman la ausencia de elecciones libres y el uso sistemático del miedo y la represión, los gobiernos derivan en dictaduras. Desde una perspectiva más amplia, Hannah Arendt advirtió que esta no sólo se define por la figura del dictador, destacando la destrucción del espacio público, la eliminación del disenso y el dominio de los medios de comunicación como condiciones para ejercer un poder absoluto.
Cuando a cualquier política pública, ley impopular o error de gobierno se le nombra “dictadura”, la palabra se vuelve un recurso retórico y deja de nombrar lo que de verdad fue: Chile de Pinochet, Argentina de Videla, la Alemania nazi. Si bien, toda dictadura es autoritaria y autocrática, lo cierto es que no toda autocracia es una dictadura.
Por esta razón, diversos centros académicos catalogan de esta manera los países donde el poder no puede ser removido pues no hay elecciones libres, carecen de contrapesos institucionales y garantías fundamentales: Corea del Norte, Turkmenistán, Cuba, Nicaragua, Irán y Venezuela. Por otra parte, naciones como El Salvador transitan por una zona gris al contar con gobernantes con legitimidad electoral pero que avanzan hacia la autocratización, debido a sus liderazgos personalistas, control de instituciones y el debilitamiento del Estado de derecho.
Nombrar “dictadura” a un gobierno elegido -aunque malo, corrupto, torpe- confunde y degrada el debate. Y eso, paradójicamente, favorece al autoritarismo real, porque desarma los conceptos que permiten identificarlo.
La pregunta correcta, como advirtió Karl Popper, no es quién debe gobernar, sino cómo podemos limitar el daño que pueden causar desde el poder. Definir qué es -y qué no- una dictadura no es un ejercicio ocioso, es una herramienta necesaria para defender lo más valioso en toda democracia, por muy imperfecta que pueda ser: la libertad de elegir, cambiar y criticar a quienes gobiernan.
-
Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.