La reforma tan llevada y traída

Ignacio Ruelas Olvera

Ignacio Ruelas Olvera

El tema de esta semana, sin duda, es el fracaso de la iniciativa de reforma constitucional tan cacareada y tan llevada y traída.

Cuando una reforma constitucional, fracasa por falta de votos, casi nunca es un problema aritmético es un síntoma de fallas en coordinación política, lectura del entorno, gestión de tiempos y la construcción de legitimidad.

Se esperaba que los operadores del Ministerio del Interior fueran un puente entre el ejecutivo y las fuerzas parlamentarias, que mapearán la resistencia, los costos, los incentivos, la línea rojas de cada bancada. Hay que asegurar que la iniciativa llegue al Congreso con un piso político realista. Gestionar tiempo, secuencias y ventanas de oportunidad.

Hubo unas posibles fallas de eficiencia y de eficacia. Sobre la confianza en la disciplina del bloque mayoritario sin medir fracturas internas.

Una lectura incompleta de la oposición, asumiendo que la negociación sería transaccional cuando quizá era identitaria o estratégica, una subestimación del costo simbólico de la reforma para ciertos actores, una falta de construcción de legitimidad previa, especialmente si la reforma se percibía como vertical o apresurada.

Entonces, los operadores fallaron, la reforma llega al Congreso sin legitimación previa, sin consultas, sin narrativas compartidas y sin un relato de necesidad histórica. Eso pesa.

La Comisión Presidencial para la Reforma Electoral por su parte se esperaba que produjera un diseño técnico sólido, que generara consenso social y político mediante audiencias, documentos, diagnósticos, pedagogía pública y no solamente escenografías; ser un espacio de anticipación, identificar escenarios de riesgo riesgo, puntos de veto, posibles ajustes, posibles fallas de eficiencia y eficacia, un exceso de tecnocracia sin suficiente traducción política, una débil articulación con el legislativo produciendo propuestas que no tenían viabilidad parlamentaria, un enfrentamiento con el Instituto Nacional Electoral, una falta de narrativa pública, dejando que la oposición definiera el marco interpretativo y una escasa flexibilidad para modular la propuesta ante señales tempranas de rechazo.

La comisión puede ser impecable técnicamente y aún así fracasar si no logra construir un clima de inevitabilidad alrededor de la reforma. La técnica sin política no moviliza los votos.

Por su parte, los líderes parlamentarios del grupo mayoritario se esperaba que garantizaran una cohesión interna, que negociaran con las minorías independientes y actores bisagra, que administraran tiempos legislativos y evitaran sorpresas en el pleno, ser la voz política que convierte la reforma en un proyecto colectivo, no solo del Poder Ejecutivo.

Unas posibles fallas de eficiencia y eficacia, la fragmentación interna o incapacidad para disciplinar al bloque.

Negociaciones tardías cuando las posiciones ya estaban endurecidas, falta de incentivos claros para los legisladores dudosos, desconexión con la Comisión Presidencial generando desalineamiento entre el diseño técnico y la realidad parlamentaria.

Es decir, cuando el liderazgo parlamentario no logra articular legislativo, la reforma se convierte en una iniciativa sin compromiso. En términos de eficacia hubo fallas de proceso, diagnósticos incompletos, tiempo mal gestionado y secuencias mal calibradas.

En términos de eficacia, faltó construir un acto de legitimación compartida. Una reforma constitucional no se aprueba solo con votos, sino con un clima político que le que la vuelva necesaria, inevitable y yo te diría casi ceremonial.

Veremos qué pasa con la reforma a la ley secundaria.

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