Los días de guardar, guardado

Agustín Morales

La verdad es que apenas me entero de nada –en todo caso más de lo que quisiera–

Agustín Morales

“Deberías escribir de asuntos más actuales”, me dice un presunto lector y metiche de veras. Lo que lo contesté me lo reservo, pues esta es un espacio familiar donde no caben ni las expresiones procaces, ni las palabras soeces que, por lo demás, pueden dar una falsa impresión de un escribidor que se presenta en sociedad como un señor dueño de una cara y alta educación.

La verdad es que apenas me entero de nada –en todo caso más de lo que quisiera–, sobre todo cuando uso días como los del largo asueto de la Semana Mayor para cumplir con aquello de los días de guardar, no porque los dedique a aquello de la santificación de las fiestas, para que voy a mentir, sino porque estuve más bien guardado, con alguna salida ocasional.

Me entero sí, como evitarlo, de que Trump y Netanyahu siguen sembrando muerte por allí; que basta abrir los ojos para toparse con una encuesta que enaltece a sujetos y sujetas que padecen de enanismo moral, previo el correspondiente pago, obviamente; que parece que la presidenta y su corte ahora quieren decidir qué causas ameritan o no la protesta pública (lo que me sugiere ya algunas inclinaciones de despotismo oriental, donde las protestas eran justas cuando ellos eran los que las hacían); y alguna cosa más.

Como sea, en mi calidad de hijo residual de la generación ‘boomer’, que comprende a los natos de 1946 a 1964, y que me recuerda que soy casi un hijo de las posguerra, hay un asunto que sí me llama la atención: la vuelta del hombre a la Luna.

Hay que recordar que en 1969 los niños que veíamos, en riguroso blanco y negro, ‘Lost in the space’, y las tropelías del infame (e incompetente) doctor Zachary Smith y el robor “Blinky Rodney”, seguíamos pensando que un mal día nos iban a invadir o los marcianos o los jupiterinos, soñábamos con ir a la Luna y vimos, que es un decir, la llegada del hombre a nuestro satélite natural.

En riguroso blanco y negro, recuerdo esas escenas como quien ve el ultrasonido de un bebé por venir, simulando que uno entiende las explicaciones (“aquí está la cabecita, aquí las manitas…”), cuando lo único que uno observa son manchas. La voz, esa sí inconfundible era de don Pedro Ferriz Santa Cruz (el papá del Savonarola del mismo nombre) y la música, que luego usaría Kubrick en su ‘Odisea…’, la portentosa ‘Also sprach…’ de Strauss.

Leo, por allí, que los tripulantes del módulo Orión, que incluyen a un canadiense (que es casi como hablar de un extraterrestre), son los humanos que más lejos han viajado en la historia de la humanidad y estaban por estas horas a punto de estar frente a la cara oculta de la Luna… Pausa: CNN reporta, hace 21 minutos, que los astronautas ya cruzaron la famosa cara oscura y lo que vieron fueron puras piedras (esto me lo acabo de inventar yo, lo de las puras piedras,pero es estrictamente verdad).

Paréntesis nostálgico: la vida dio muchas vueltas y ni fui a la Luna (ni iré, como dijo aquel famoso don Teófilo, por más que algunos digan que yo siempre anduve, ando y andaré en la ídem), ni nos comieron los soviéticos, ni nos invadieron los marcianos; de hecho basta ir al centro para ver que los que nos invadieron fueron los chinos, pero vinieron en son de paz –todo hay que decirlo.

Y mientras los astronautas andan dándose el paseo de su vida (aunque se quedarán como el patriarca Moisés, y como el chino del cuento: nomás mirando), yo lo más lejos que he ido en los últimos días fue, dos días, a los estudios de Radio BI a hacer mi programa y el sábado a una boda de un querido amigo, celebrada en un lugar apenas remoto en menos de tres kilómetros de mi casa. Por lo demás, a propósito de la boda, fui, comí y me regresé, cual Fidel en la cena de Fox, pues tenía algunas monografías de mis alumnos que calificar.

Por no dejar a nadie con ganas de actualidad, les comento que Trump sigue dando ultimátums como los de Pedro, el del lobo, y la señora presidenta diciendo que el informe de la ONU sobre las desapariciones forzadas es una infamia –yo pensaba que la infamia era que la gente desapareciera–; espero que con eso les baste y les sobre: yo sigo con mis tareas, que incluyen revisar algunas consideraciones sobre ‘El sistema de los objetos’ de Baudrillard, que creo que no es un tema que les pueda interesar a quienes han tenido la gentileza de llegar hasta estas líneas.

Abur.

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Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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