Morena contra Morena

Ignacio Ruelas Olvera

El libro tiene algunos ejes, uno de ellos es la ruptura con López Obrador y la persecución posterior

Ignacio Ruelas Olvera

Uno de los acontecimientos más sentidos en los últimos días es el texto, el libro que aparece de Julio Scherer y Jorge Fernández Menéndez que se titula Ni venganza ni perdón en editorial Planeta en el año 2026.

Este libro, irrumpe frontalmente como uno de los testimonios políticos más explosivos del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Scherer, uno de los autores, es exconsejero jurídico de la presidencia y uno de los hombres más cercanos al presidente en sus primeros años de gobierno.

El texto ofrece una narración desde dentro sobre lealtades, ruptura, persecuciones y luchas de poder en el círculo más íntimo del obradorismo. El libro tiene algunos ejes, uno de ellos es la ruptura con López Obrador y la persecución posterior.

Scherer describe cómo su cercanía con el presidente se transformó en un estigma y cómo tras su salida del gobierno enfrentó una campaña brutal desde la fiscalía de Alejandro Hertz y operadores internos del movimiento.

Hay acusaciones graves, una de ellas es contra Jesús Ramírez Cuevas,  lo acusa de usar un decreto para generar un pasivo de 27 mil millones de pesos para los ejercicios políticos que se proponía el régimen y el movimiento.

Por su parte también señala a Gertz Manero por fabricar delitos y usar la fiscalía como un instrumento político. Y también no se queda exenta Olga Sánchez Cordero, que ha sido una actriz que hay que analizar profundamente porque ha estado muy cercana y representa un mundo de contradicciones.

Sánchez Cordero, como parte del bloque que impulsó la caída de Schérer es señalada en el texto.

Junto a Fernández Menéndez y a Schérer está la figura de Héctor de Mauleón. Este es un tema interesante porque sin ser autor del libro es realmente proveedor de su narrativa. Héctor de Mauleón es uno de los periodistas que más ha documentado las pugnas entre el obradorismo, esas pugnas internas, la violencia política, las redes de poder.

Héctor de Mauleón, su trabajo dialoga críticamente con los temas que Scherer expone, corrupción, persecución política y uso faccioso del Estado. También en el debate político Mauleón ha sido una referencia constante cuando se discuten testimonios incómodos sobre el sexenio.

En otras palabras, Mauleón no participa en el libro, pero su mirada periodística es un punto de comparación inevitable.

El libro es una obra escrita desde la herida del poder. Nace en un lugar muy específico, la ruptura entre un operador central del obradorismo y el propio obradorismo. Eso marca el tono del texto, la selección y los episodios y la arquitectura narrativa del libro.

El libro, debo decirte, que no es un texto neutral, es un testimonio de defensa, un intento de fijar una versión histórica antes que otros la impongan. En ese sentido se inscribe en la tradición mexicana de memorias políticas. Recordemos la Charola, los socios del Bester, la noche de Iguala, en fin, pero tiene un valor crítico.

Su fuerza proviene de la proximidad del autor con el expresidente. Su debilidad proviene de la misma proximidad. El libro está atravesado por agravios personales, omisiones estratégicas y silencios que revelan tanto como lo que se dice. El corazón del libro es el estado como arma facciosa.

El eje más potente y más perturbador es la descripción del uso del Estado para castigar disidencias internas. Scherer acusa, pues, a Gertz Manero, a operadores del gobierno por usar recursos públicos para fines políticos y a figuras de ese gabinete de conspirar para destruirlo. 

Pero hay cosas que el libro no dice. El libro no examina el propio poder de Schérer cuando era consejero. No aborda decisiones polémicas en las que participó. No reflexiona sobre la concentración del poder ni en la presidencia que él mismo ayudó a construir. Tampoco problematiza la cultura política que permitió que su caída fuera posible.

El libro es una lectura que es importante hacerla porque rompe con los pactos fundacionales de un movimiento, se ritualiza con la expulsión de un miembro de ese círculo íntimo, instrumenta la purificación interna del autor y como la narrativa oficial se impone como liturgia del poder.

El libro Ni venganza ni perdón es un libro necesario pero incompleto, valioso pero interesado, revelador, pero imparcial. Muestra como un proyecto político que prometía regeneración terminó reproduciendo y a veces profundizando las prácticas que decía compartir. Creo que es un libro interesante para leerse.

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