Nobel de la Paz 2026

Alan Santacruz

El reconocimiento a Navanethem Pillayo también puede impactar en las elecciones de dos de los países que más han impedido la paz global en los últimos años

Alan Santacruz

Este 2026, el Comité Noruego del Premio Nobel entregó el Nobel de la Paz a Navi Pillay. Ella es una jurista sudafricana que peleó junto a Nelson Mandela contra el Apartheid. Ha sido, además, defensora de presos políticos, fue jueza de la Corte Penal Internacional, presidió el Tribunal Penal Internacional en el genocidio de Ruanda, fue alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, e impulsó el proceso contra Benjamín Netanyahu por genocidio en Gaza.

El Premio le fue otorgado a Pllay “por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional, así como por su papel en la exigencia de responsabilidades por crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio”. Claramente, es un reconocimiento bien merecido por una vida de lucha contra la injusticia y el abuso del poder internacional. En rueda de prensa, la galardonada dedicó su Premio Nobel a “todos los sobrevivientes de crímenes internacionales y a quienes defienden la justicia penal internacional”. 

El comité afirmó que el premio servía para “recordar al mundo que el Estado de derecho, tanto nacional como internacional, es el pilar del sistema que hemos establecido para garantizar la paz”. El hecho se da en un contexto en el que hay graves amenazas contra la Corte Penal Internacional, el tribunal que existe desde 2002 para procesar no a países, sino a personas acusadas de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio. Estas amenazas han aumentado luego de que este tribunal procesara a Benjamín Netanyahu y le girara orden de aprehensión por el genocidio en Gaza.

Ante esa premiación, Donald Trump hizo otro berrinche por ser el segundo año que le niegan el Nobel de la Paz, y amenazó con emitir sanciones a la Corte Penal Internacional. Por su parte, Benjamín Netanyahu criticó que el Premio Nobel, según él, perdió su “brújula moral” por premiar a alguien que ha alzado la voz en el mundo para señalar el genocidio en Gaza.

Aunque ni Estados Unidos ni Israel son miembros de la Corte Penal Internacional, el tribunal tiene jurisdicción sobre crímenes de guerra cometidos en territorios de países miembros, como Palestina o Afganistán. Países que han sufrido crímenes cometidos, justamente, por Estados Unidos e Israel. Estos gobiernos ya anteriormente han perseguido a jueces y fiscales de esta corte internacional, congelando sus bienes, y bloqueando digitalmente a sus miembros para imposibilitarlos a usar bancos, comprar vuelos, o limitar su interacción en el ciberespacio.

El Premio Nobel de la Paz de este año ha servido para visibilizar crímenes de guerra, para denunciar el genocidio, y para revelar el descaro que líderes políticos tienen al despreciar el derecho internacional. Este premio llega en las vísperas de los procesos electorales que vivirán Israel, donde se renueva el parlamento el 27 de octubre; y Estados Unidos, que tiene sus elecciones intermedias el 3 de noviembre. En ambos países se viven tensiones internas, y se prevé que la oposición a Trump y a Netanyahu gane terreno ante el desprestigio de ambos políticos.

Así, el reconocimiento a Navanethem Pillay no sólo respalda la lucha anti genocida y visibiliza las amenazas contra el derecho internacional, sino que también puede impactar en las elecciones de dos de los países que más han impedido la paz global en los últimos años.

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