Perspectiva: El Mal Holandés

Enrique Gómez Orozco

La riqueza súbita descubierta lastimó otros sectores de la economía

Enrique Gómez Orozco

México transitó del Mal Holandés que se instaló en el sexenio de José López Portillo al éxito manufacturero de la actualidad, diseñado por Carlos Salinas de Gortari con el TLC. Pero ¿qué es el Dutch Effect, término que bautizó la revista The Economist en 1977? En los Países Bajos se descubrieron yacimientos de gas que permitieron ingresar una gran cantidad de dinero. Países ricos pero pequeños tuvieron una inflación inmediata que dañó otros sectores de la producción. La riqueza súbita descubierta lastimó otros sectores de la economía.


En México vivimos ese fenómeno cuando se descubrió el yacimiento de Cantarell, en la Sonda de Campeche en los setenta, justo después de la crisis generada por el mal gobierno de Luis Echeverría. Pemex se convertía en la promesa de “abundancia” para el país. La alta burocracia y el sindicato de la empresa festejaban a lo grande. Vino la guerra entre Irán e Irak en 1979 y los precios del petróleo se dispararon. México nadaba en petrodólares, con un barril a 38 dólares (unos 160 a valor de hoy). La quimera terminó cuando el crudo cayó al finalizar la guerra y el mercado se saturó de nueva cuenta. López Portillo, quien no entendió la realidad, quiso sostener a fuerza contratos incumplibles para los compradores: perdimos clientes, perdimos dinero y el peso se devaluó. La resaca después del festín petrolero vino durante todo el sexenio de Miguel de la Madrid, tiempo en el que el país no creció, llamado la “década perdida”.


Venezuela también vivió el auge de esa época. Como miembro de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), recibió fortunas. El país prosperaba gracias a la construcción de infraestructura y a la creación de nuevas empresas; sin embargo, también sufría el Mal Holandés. Inundado de petrodólares, el gobierno no planeó para el futuro. La puntilla vino cuando Hugo Chávez salió con la tontería de convertirse en un país socialista y bolivariano (cualquier cosa que eso signifique). Expropió empresas, limitó la inversión privada y echó la carga de la burocracia al sector petrolero. Mientras los precios del barril subían por encima de 100 dólares, el dictador dispensaba dádivas a Cuba en una alianza de perdedores. Fueron años de destrucción de empresas bajo el dogma socialista. El dinero también fue destinado a programas sociales que amortiguaron la caída de la producción de otros sectores y le dieron popularidad a Chávez. Anécdota aparte, en esa época México se deslindó de Venezuela. Recuerdo que Chávez llegó a León y se hospedó en el hotel Fiesta Americana (hoy Hotsson). Vicente Fox se reunió con él, pero no hizo ningún compromiso con el dictador.


Cuando Chávez murió de cáncer, el gobierno encontró la forma de idealizarlo. Nicolás Maduro heredó la dictadura, pero en circunstancias adversas. La nacionalización de las empresas y de la producción de petróleo fue el inicio de la catástrofe económica. Comenzó la impresión de dinero mientras las deformaciones en la economía eran de risa. Llenar un tanque era más barato que la propina; la gasolina costaba menos que el agua. Ningún país aguanta tamaño dispendio. Menos Venezuela, cuya planta productiva estaba desechada.


El éxodo había comenzado ante la falta de empleo y de oportunidades. Pesó también la pérdida de derechos y libertades para la clase media. Casi un tercio de la población salió del país, la mayor emigración en la historia de Latinoamérica.

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