Perspectiva: “Faltan insumos, sobran promesas”

Enrique Gómez Orozco

Hoy las cosas han empeorado y el nivel de saturación hace que ni el tiempo de los doctores ni los insumos ni las medicinas para atender a los enfermos sean suficientes

Enrique Gómez Orozco

 

El Seguro Social está desbordado hasta el punto de que sus trabajadores tienen que salir a la calle para pedir auxilio. Eso sucede en León y en muchas partes del país. Hace unos años, una colaboradora de AM tuvo que recurrir a los servicios de emergencia de la clínica T1, ahí donde se presentaron los reclamos por insumos y por espacio para atender a enfermos.


El recuerdo del día en que fuimos a visitarla nos hizo comprender el trabajo extraordinario que realizan los médicos y sus ayudantes. Los enfermos estaban en camillas; en lugares destinados a dos pacientes, había cuatro. En los pasillos, la gente esperaba atención, a pesar de que se trataba de casos urgentes. Nuestra compañera fue atendida y, por fortuna, la institución salvó su vida.


Hoy las cosas han empeorado y el nivel de saturación hace que ni el tiempo de los doctores ni los insumos ni las medicinas para atender a los enfermos sean suficientes. Cada día, las empresas reciben más solicitudes de ayuda para sus colaboradores que padecen una enfermedad urgente o crónica.


Tomemos un caso: Chela es una enfermera que cuida a personas mayores y a niños; se destaca por su responsabilidad y su sentido humano ante las dificultades y limitaciones de quienes la necesitan. Está afiliada al IMSS.

Necesita dos prótesis de cadera tras décadas de trabajo. El dolor la agobia y pronto tendrá que dejar de trabajar por su enfermedad. Aunque está bajo el amparo de la seguridad social, sabe que el proceso de atención puede durar meses o incluso años en el Seguro.


La solución que buscó se la dio un prestigioso traumatólogo local, pero el precio de la hospitalización privada, las prótesis y los honorarios de los doctores asciende a más de 300 mil pesos. Para ella es imposible cubrir el costo. La solución estará en la solidaridad de las familias a las que ha atendido. Ayudas de 10 mil a 50 mil pesos por familia cubrirán el gasto. Los doctores buscarán la fórmula más económica para atenderla y ella tendrá su ingreso completo durante su recuperación gracias a quienes la emplean.


La carga de la atención médica pasó de la seguridad social rebasada a los particulares solidarios. El problema se repite en múltiples empresas, donde aumentan los gastos solidarios para empleados que no encuentran manera de aliviar su situación ante el IMSS. Los sanatorios particulares y los seguros de gastos médicos mayores superan los recursos de la mayoría de los trabajadores.


El tema es de la mayor urgencia cuando el problema no está localizado en una ciudad o en un estado, sino en todo el país y en casi todos los hospitales. Vemos que los trabajadores del Seguro les piden a los pacientes que compren material quirúrgico y medicamentos, porque faltan en sus farmacias.


Las protestas no son “politiquería” ni grillas de sindicatos. Son motivadas por la desesperación de no contar con medicinas ni con espacios suficientes ante la creciente demanda de la población asegurada. Mientras el gobierno dice que no hacen falta medicinas y que el IMSS y el ISSSTE están bien, la realidad es otra: el deterioro de la atención llega a los niveles más bajos de la historia de las instituciones.


Con tan solo aumentar la participación privada en Pemex y en la CFE para que inviertan y no pierdan dinero, el país tendría recursos suficientes para la salud pública. El dogma del estatismo impide que esto suceda. Muchos mexicanos vivirán enfermos o morirán debido a falsas creencias políticas y económicas.  

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